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El economista Andrés Velasco considera que en Nicaragua es urgente aumentar la productividad, debido a que actualmente, tanto a nivel centroamericano como latinoamericano, se ubica entre las  economías más bajas. 

En entrevista con El Nuevo Diario, Velasco valoró el diálogo que sostiene la empresa privada nicaragüense con el Gobierno de Nicaragua. “Creo que ese diálogo es importante porque los gobiernos están permanentemente tomando decisiones”, dijo.

Velasco, quien es economista, académico, consultor, político y exministro de Hacienda de Chile, ofrecerá hoy en Managua la conferencia “Rutas de Transformación Económica”,  que organiza la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides). 

Cuando hablamos de modernizar la economía, ¿qué factores deben ser ajustados o modificados con prioridad?

Lo más importante es adquirir la capacidad de exportar. Los países pequeños, como Chile, nos ganamos la vida vendiéndole cosas al resto del mundo y una buena medida de nuestra modernización es que somos capaces de hacer cosas que el resto del mundo quiere comprar. 

¿Cuáles son o deberían ser las características de una economía moderna en Latinoamérica?

La modernidad tiene que ver con el crecimiento evidentemente, pero no termina ahí. La modernidad antes que nada tiene que ver con el tipo de sociedad que tenemos y con el tipo de relaciones sociales en el interior de ese país. La modernidad tiene que ver con la apertura al mundo, con  la integración, con productividad, con el crecimiento, pero también tiene que ver con el respeto, la integración social y con la igualdad. Si uno mira a los países modernos y desarrollados se destacan por ambas cosas.

En Nicaragua se discute ahora cómo elevar la productividad. ¿Qué políticas se requieren para dar un salto en este campo? Actualmente nosotros exportamos productos primarios, principalmente.

Antes que nada subrayo que el debate es especialmente importante para Nicaragua, porque si uno mira al país en el contexto de Centroamérica y América Latina, las medidas de productividad de esta economía están dentro de las más bajas de la región y por  tanto es tarea urgente aumentar la productividad. 

¿Cómo se logra?

Hay dos maneras: hacer lo que ya hacemos, pero hacerlo mejor, seguir produciendo bienes primarios, hacerlo de modo más eficiente, utilizando de mejor manera el capital y el trabajo que tenemos. El problema es que eso muy pronto deja de ser posible, porque  si uno tiene una hectárea de terreno puede cultivar más caña o más maíz, pero las ganancias de productividad se agotan, por lo tanto la otra manera de volverse más productivo es emprender actividades nuevas donde el capital, el trabajo y la educación puedan ser utilizadas de modo más productivo, y por eso la importancia de desarrollar nuevos productos, nuevos sectores, especialmente productos exportables porque eso le pone una exigencia mínima de calidad a los productos. 

¿Cómo conseguir una producción más sofisticada, cuando es lento el proceso de adquisición de tecnología?

Sofisticado y tecnológico no es lo mismo. Cuando yo pienso en modernizar o diversificar una economía como la nicaragüense no pienso en producir computadores, ni aplicaciones, pienso en utilizar la tecnología, la infraestructura que puede ser de muy baja tecnología. Uno puede modernizar una panadería, puede modernizar el turismo, modernizar el transporte, es decir actividades que no son de alta tecnología, pero que se pueden hacer mejor, más productivos. 

En cuanto al acceso a educación, ¿qué es más importante: la gratuidad o la calidad?

La calidad. Para que la calidad sirva las personas más modestas deben tener acceso a la educación, pero ese acceso no requiere gratuidad, hay muchas maneras de garantizar accesos. El debate en muchos países de América Latina es sobre si la educación debe ser gratuita o no, nos ha distraído y nos ha hecho hablar demasiado de dinero y muy poco de las cosas que verdaderamente importan. 

¿Cómo garantizar educación con calidad a segmentos poblacionales con recursos económicos limitados?

Hay una tarea doble. Por un lado, evidentemente, el Estado tiene que poner recursos para apoyar a las familias que de otro modo no podría estudiar, o cuyos hijos no podrían estudiar, pero insisto,  la provisión de recursos solo parte de la solución. Pero donde sabemos menos y necesitamos más es en todo lo que ocurre al interior de las salas de clases, la formación y motivación de los maestros, la incorporación de currículos modernos y relevantes, la integración de lo técnico con lo profesional. Hay una serie de dimensiones en los cuales los sistemas de América Latina se han ido quedando  atrás. 

Un reciente informe oficial basado en el consumo indica que el 25% de la  población nicaragüense está en pobreza. Pero, un amplio segmento continúa cerca de ese umbral. ¿Cómo evitar que quienes han salido de la pobreza vuelvan a ella?

Esa característica de Nicaragua no es única de esta nación, es bastante común en muchos países de América Latina, donde ha empezado a forjarse una clase media, pero bastante vulnerable donde una enfermedad o una pérdida de trabajo puede llevar a esa familia  a una estación de pobreza. Para ello hay que distinguir dos tipos de políticas: para los segmentos más pobres, la política pública tiene que ser de transferencias, entregar recursos a la familia para la vivienda o para la educación; para los segmentos medios, más que una política exclusiva de transferencias lo que hace falta es una política de seguros, de modo que alguien hace frente a una situación difícil o dolorosa pueda salir de allí.

¿Cuánto pesa el factor Estado de Derecho en el desempeño de la economía de un país?

Muchísimo, creo que en el corto plazo los países abusivos de corruptos pueden tener episodios de crecimiento, pero uno mira por períodos más prolongados y no hay un país que haya crecido sostenidamente sin que haya un Estado de Derecho, protección de los derechos de propiedad, una cierta predictibilidad en las reglas del juego. 

En Nicaragua, el sector empresarial y el gobierno mantienen un diálogo económico para propiciar la inversión y el crecimiento. ¿Qué experiencias similares ha visto en otros países y cuáles han sido los resultados?

Creo que ese diálogo es importante porque los gobiernos están permanentemente tomando decisiones: qué camino construir, qué puesto modernizar, que tienen impactos económicos y muchas veces esas decisiones se toman por criterios políticos que por criterios económicos. Es un muy útil tener un diálogo en que el Gobierno tenga la información que permita decir qué camino es más valioso desde un punto de vista económico.  No obstante, no hay que caer tampoco en el corporativismo, los intereses de la comunidad en su conjunto, de la nación, no son los mismos que los intereses del sector empresarial, y por lo tanto lo que al sector empresarial le interesa tiene que ser uno de los elementos que un gobierno moderno y democrático toma en cuenta a la hora de decidir sus políticas económicas.

En Latinoamérica, ¿cuáles son los modelos de economía que recomienda seguir y cuáles no?

Hablar de modelos produce más daños que beneficios, de partida porque no hay modelos puros porque todos los países que son exitosos son muestras de distintas políticas. Es mucho más interesante tomar ideas de distintos países, experimentar y aplicarlos. 

¿Ve alguna oportunidad para Latinoamérica en las políticas del gobierno de Donald Trump?

Es una oportunidad para que América Latina avance en ciertos temas sin esperar a Estados Unidos, porque ese país no nos va a acompañar. Por ejemplo, Trump ha cambiado la orientación comercial de Estados Unidos y amenaza con un país proteccionista. Quizá este sea el momento para que tengamos un acuerdo de libre comercio desde México hasta la Patagonia, sin Estados Unidos. 

¿Qué es lo que más le preocupa de la administración Trump, en cuanto a políticas económicas y comerciales?

Me preocupa todo. Primero la constatación día tras día que el presidente no está profesionalmente preparado para gobernar. Las peleas interminables entre distintas facciones del Gobierno, la incapacidad para distinguir  los intereses del país de los intereses comerciales de la familia Trump. No hay parangón en la historia moderna de Estados Unidos con el que se pueda entender el fracaso calamitoso del gobierno actual.