•   Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

“Acabar con el tradicionalismo, evitar la resistencia al cambio y basar el desarrollo de la agricultura de las Américas en la innovación es esencial para producir alimentos más sanos e inocuos, que permitan alimentar a una población mundial creciente”. Así lo planteó el director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), Víctor Villalobos, durante el VII Encuentro Internacional Innovagro, en el que se analizaron las tecnologías que más impactarán al agro y cómo debe asumir este reto el sector, según una nota de prensa.

“El objetivo de este seminario fue analizar soluciones tecnológicas para lograr una agricultura sustentable en lo económico, ambiental y social, en los diferentes actores del sistema de innovación agroalimentaria para que cumplan un papel responsable y comprometido con la seguridad alimentaria de la población en largo plazo”, explicó la presidenta de la Red de Gestión de la Innovación del Sector Agroalimentario (Red Innovagro), Ligia Osorno.

En el evento, realizado en la sede central del IICA y denominado “La innovación agroalimentaria y tecnologías facilitadoras para el desarrollo sustentable de las Américas”, Villalobos indicó que la nanotecnología, la biotecnología industrial, la fotónica, los materiales avanzados, la micro y nanoelectrónica y las tecnologías de proceso avanzadas son las que tendrán mayor repercusión en el sector agrícola.

“Estas proporcionan elementos tecnológicos y generan cambios cuantitativos y cualitativos en el desarrollo de nuevos materiales, productos, procesos y servicios, siendo centrales para la innovación. Están llamadas a jugar un papel fundamental en la agricultura para hacer las labores de esta actividad más fáciles y eficientes”, mencionó el director general del IICA.

Además Villalobos indicó que para la adopción de la innovación y las tecnologías en el agro los retos son grandes. 

Se debe invertir en investigación, los costos por incorporar las tecnologías de punta son altos, porque se requiere de especialización y formar en un nuevo perfil de los profesionales capaces de acoplarse a las exigencias de la agricultura moderna.

“Hay barreras para el desarrollo de estas tecnologías, tal vez la más importante es la aceptación. Los productores son reacios a los cambios, el sector es tradicionalista. Además, los marcos regulatorios que permiten la adopción del conocimiento son escasos, las oportunidades comerciales reales toman tiempo, las inversiones son altas y el retorno está sujeto a tiempos de mediano y largo plazo”, agregó.