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Aunque el plátano nicaragüense presenta altos parámetros de calidad y variedad, la carencia de una plataforma de producción masiva significa un atraso para el desarrollo de este prometedor sector, ya que limita la capacidad de cumplimientos comerciales con los países compradores.

Tal como reflejan los últimos sondeos del mercado de plátano realizados por el Instituto Interamericano de Cooperación Agrícola, IICA, existe una creciente demanda en países como Estados Unidos y Canadá, los que se sienten atraídos por las características del plátano nicaragüense.

Sin embargo, para Gerardo Escudero, representante del IICA en Nicaragua, la dispersión de volúmenes y la baja productividad, representan una desventaja al momento de suplir los mercados internacionales y competir directamente con otros países exportadores.

“En Nicaragua no existe una producción geográficamente concentrada, por lo que hay mucha dispersión de las cantidades resultantes, así que es necesario que se establezcan zonas especializadas si queremos cumplir con los volúmenes requeridos”, indicó Escudero.

De igual forma señaló que la demanda de plátano ha venido en aumento, ya que ha sido recibido con un alto nivel de aceptación por parte de los nichos de mercados nostálgicos que se encuentran en Norteamérica.

A pesar de que la variedad del plátano orgánico que se produce especialmente en la Isla Ometepe, así como otras especies propias de Rivas y Chinandega, son muy cotizadas en el exterior, Escudero reconoció que este es un mercado que todavía se encuentra en “pañales”, porque hay una baja capacidad productiva.

En organización y tecnología está la clave

De igual forma, James Jhonson, técnico agricultor del programa de asesoramiento de la Cuenta Reto del Milenium, ejecutado en la zona occidental de Nicaragua, opina que si los productores se organizan y logran una siembra escalonada, podrán más fácilmente suplir las demandas del mercado durante todo el año.

“El problema es que aquí en Nicaragua se cosecha según la temporada de invierno o cómo estén las lluvias, por lo que resulta más difícil competir en el mercado extranjero”, refirió Jhonson, quien también enfatizó en la necesidad de invertir para lograr una producción que esté únicamente en dependencia de los requerimientos de los posibles compradores y no del ciclo agrícola.

La producción platanera de Nicaragua se encuentra dividida en varios departamentos, siendo Rivas y Chinandega, los que más aportan. Por otra parte, los pequeños agricultores de Tonalá, en el occidente del país, lograron sembrar durante el año pasado 700 manzanas de plátanos, alrededor de siete millones 700 mil unidades.

No obstante el período de lluvia registrado en la zona de occidente en el 2008 disminuyó en un 50 por ciento la productividad del sector, que se espera pueda ser recuperado en este nuevo ciclo agrícola. Los pequeños agricultores para incrementar los volúmenes de producción, pasando del manejo tradicional al tecnificado, tendrían que adoptar sistemas de riego apropiados.

Informes del IICA, el riego facilita la producción de 35 mil a 40 mil unidades por manzana, con un margen de utilidad que podría llegar a mil 500 dólares por manzana.