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La industria de los aeropuertos es clave para el crecimiento del transporte aéreo en América Latina. Se estima que genera 5.2 millones de empleos que aportan 167 mil millones de dólares al producto interno bruto de la región. Las proyecciones indican que durante los próximos 20 años esta industria generará 99 millones de empleos en todo el mundo. Así, en 2013 se construyó el nuevo Aeropuerto Internacional Mariscal Sucre, en Quito. Una apuesta privada que, con apoyo del Grupo BID, sería un pilar estratégico para el crecimiento de esta industria en la región.

Sin embargo, los aeropuertos modernos son mucho más que terminales de transporte. Se han convertido en “polos de desarrollo, en centros en los que confluyen otras actividades complementarias o relacionadas al transporte aéreo”, como hemos mencionado anteriormente.

Pasaje a una alimentación local

Cada día más inversores y operadores aeroportuarios ven la sostenibilidad social y ambiental como una oportunidad de inversión, que tiene sentido financiero y crea importantes beneficios para el desarrollo sostenible. Quiport S.A. —operador privado el aeropuerto quiteño— no fue la excepción, y se acercaron a nosotros con un desafío en mente: ¿cómo compartir el valor de este desarrollo con la comunidad local?

El primer paso fue apoyar a la compañía en la realización de una evaluación de valor compartido, que nos permitió determinar los recursos disponibles y potencialidades del proyecto. Con esto en mente, Quiport decidió enfocarse en tres iniciativas para mejorar la sostenibilidad de su empresa y su comunidad: crear una organización de reciclaje basada en la comunidad, establecer un centro de entrenamiento aeronáutico, y apostar al crecimiento del programa Nuestra Huerta, que ayuda a los productores locales de alimentos a incorporarse a las actividades del aeropuerto.

En los pasados dos años, la Corporación Interamericana de Inversiones (CII) ha apoyado a Nuestra Huerta con entrenamiento de negocios, mercadeo, formalización e incluso obtención de los permisos legales de expendio de alimentos. Así, la cooperativa pasó de vender frutas y verduras, en forma semanal, a solo 100 empleados directos de Quiport, a vender más de 36 productos a los 7,500 trabajadores del aeropuerto.

El crecimiento ha sido tal, que crearon una plataforma en línea para realizar los pedidos. Hoy, el programa no solo ha beneficiado a los agricultores, sino también a los trabajadores del aeropuerto, ya que pueden abastecerse de frutas y verduras en su lugar de trabajo. Mientras, Nuestra Huerta espera poder abrir pronto una tienda en el aeropuerto, para vender sus productos a los turistas.

Valor compartido, ganancia multiplicada

Con el proyecto de Quiport queda en evidencia que, además del esfuerzo y labor por trabajar con la comunidad para ser sostenibles, uno de los frutos más importantes que han cosechado han sido buenos resultados para la empresa. Y aunque no era su propósito inicial, la próxima apertura del local de Nuestra Huerta generará incluso un modesto retorno para el aeropuerto.

Actualmente, la compañía está desarrollando las iniciativas de reciclaje y el centro de entrenamiento aeronáutico. El primer esfuerzo permitirá ahorrar en costos de disposición final de residuos y generar ingresos marginales de la venta de materiales reciclables. Mientras el segundo pretende mejorar el servicio al cliente en el aeropuerto.

En la Corporación Interamericana de Inversiones estamos comprometidos a trabajar con el sector privado para impulsar el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe. Buscamos oportunidades de inversión que beneficien a la comunidad y a la empresa, tal como lo hicimos a través de los estudios de valor compartido con el proyecto en Quito. Encontrar estas oportunidades, no siempre es fácil, y es aún más desafiante llevarlas adelante, pero Quiport es prueba que, con esfuerzo, es posible. Y tú, ¿cómo compartes el valor de tu empresa?

* Esta columna fue publicada originalmente en el blog Negocios Sostenibles  del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).