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La Comisión Europea y Reino Unido franquearon ayer una etapa clave en el brexit con el primer acuerdo sobre los términos de su divorcio, un pacto que abrirá las puertas próximamente a discutir la futura relación entre británicos y europeos.

“Hemos podido hacer los progresos suficientes para entrar en la segunda fase (de negociación) entre los 27 y Reino Unido”, indicó el titular del ejecutivo comunitario, Jean-Claude Juncker, en Bruselas junto a la primera ministra británica, Theresa May.

El anuncio llegó hacia las 07H30 (06H30 GMT) tras una noche de trabajo por parte de los negociadores de ambas partes, quienes buscaban un acuerdo antes del domingo para que los líderes europeos pudieran dar su visto bueno en una cumbre la próxima semana.

Los europeos querían avances suficientes en la negociación de las tres prioridades del divorcio -liquidación financiera, derechos de los ciudadanos expatriados y la situación en la frontera en la isla de Irlanda- para poder pasar a la segunda fase de negociación, como reclama Londres.

Todo apunta a que los mandatarios europeos validarán en la cumbre del 14 y 15 de diciembre en Bruselas el acuerdo preliminar alcanzado y darán su luz verde a empezar a discutir las futuras relaciones a ambos lados del Canal de la Mancha, así como un eventual período de transición.

La Comisión Europea (CE) reiteró que el Reino Unido tendrá que negociar nuevos acuerdos comerciales con terceros países una vez salga de la Unión Europea (UE), ya que los negociados por Bruselas no podrán extenderse a territorio británico tras el brexit (dicha salida).

“El mismo día que el Reino Unido salga de la UE, también saldrá de todos los acuerdos comerciales que la UE tiene con terceros países”, afirmó la comisaria de Comercio, Cecilia Malmström, durante una rueda de prensa para explicar el acuerdo comercial sellado hoy con Japón.

Según la comisaria, este pacto ha sido negociado al veintiocho, pero solo se aplicará al Reino Unido si aún es un Estado miembro cuando entre en vigor. Si el acuerdo se ratifica y entra en vigor después del 29 de marzo de 2019, fecha prevista para la salida del Reino Unido de la UE, los británicos tendrán que negociar un nuevo pacto con Japón y con el resto de socios comerciales a nivel mundial.

Sin ‘frontera dura’ 

A partir del documento cerrado este viernes, ambas partes “iniciarán la elaboración de un acuerdo de retirada” final mientras se resuelven otros aspectos del divorcio, precisó la Comisión, advirtiendo que el texto final debe estar listo para el otoño de 2018 para dar tiempo a su ratificación.

La frontera entre Irlanda y la provincia británica de Irlanda del Norte se ha convertido en el escollo más importante en la recta final de esta primera fase de negociación, que tomó 172 días desde la primera ronda celebrada el 19 de junio pasado.

Aunque la UE y Londres estuvieron cerca de alcanzar este primer acuerdo el lunes, los socios unionistas norirlandeses del DUP, sin cuyos diputados May perdería el Gobierno, frenaron las negociaciones, por lo que la líder volvió con las manos vacías.

Bruselas apuntó que “Reino Unido reconoce las circunstancias excepcionales de la isla de Irlanda” y asumió “importantes compromisos” para evitar una frontera física. “En Irlanda del Norte, garantizaremos que no haya frontera dura”, apuntó May.

Dublín, que había amenazado con bloquear el paso a la segunda fase de negociación, celebró el acuerdo anunciado que, en palabras de su canciller Simon Coveney, protege “completamente” el Acuerdo de Viernes Santo que puso fin a décadas de conflicto en Irlanda del Norte entre nacionalistas y unionistas.

Derechos y factura 

Respecto a los expatriados, tanto los ciudadanos europeos residentes en Reino Unido como los británicos residentes en el resto de la UE antes del 29 de marzo de 2019, cuando está prevista la salida efectiva de los británicos, mantienen sus derechos sanitarios, sociales y laborales.

“Hemos avanzado y nos han dado concesiones, pero creo que May lo ha hecho solamente para pasar a la segunda fase”, asegura a la AFP Joan Pons, enfermero español residente en Reino Unido, quien teme que en ese momento queden “enterrados” los derechos.

El acuerdo estipula también que los tribunales británicos “deberán tener en cuenta” la jurisprudencia existente en el Tribunal de Justicia de la UE (TJUE) en el momento de la retirada, si bien serán los encargados de resolver los diferendos.

Tras el brexit, los tribunales británicos “podrán” durante ocho años plantear al alto tribunal europeo cuestiones de interpretación de la legislación. Una nueva “autoridad nacional independiente” velará en Reino Unido por el respeto de los compromisos.

Sobre la factura a pagar por Londres por sus compromisos adquiridos como socio, May indicó que será “justa” para los contribuyentes británicos. Los negociadores alcanzaron una “metodología” de cálculo del monto que se elevaría entre 40,000 y 45,000 millones de euros, según Londres.

“Reto más difícil” por venir 

“El reto más difícil está aún por delante. Todos sabemos que separarse es difícil, pero separarse y construir una nueva relación es mucho más difícil”, advirtió el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, después de reunirse con May en la mañana.

Tras el esperado visto bueno de los mandatarios, las negociaciones de la futura relación pasarán por un período de transición de dos años tras el 29 de marzo de 2019, al que el presidente del Consejo Europeo puso condiciones.