•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La productividad  del mercado laboral  en Centroamérica es heterogénea. Si se mide ese indicador por lo que produce cada trabajador en promedio. Panamá y Costa Rica alcanzaron en 2014  los niveles más altos con US$29,006 y  US$24,543.4, respectivamente, mientras que Honduras y Nicaragua  registraron  los niveles más bajos con US$5,688.48 y  US$3,988.

Así lo expone Alberto Mora, coordinador de Investigación del Informe Estado de la Región, de la organización costarricense Estado de la Nación, quien conversó con El Nuevo Diario sobre la productividad laboral, los retos que enfrentan la región y las estrategias a implementar. 

Mora hizo hincapié en que no se puede exigir mayor productividad cuando el  60% de la fuerza de trabajo de la región tiene seis años o menos de educación. 

“¿Que niveles de productividad le podemos pedir a un trabajador con tan bajo nivel educativo?”, cuestionó.

¿Cómo definen ustedes la productividad?

Aunque hay otras definiciones para evaluar la  productividad, el indicador  que nosotros estamos utilizando tiene que ver con el Producto Interno Bruto por trabajador. A mayor Producto Interno Bruto (PIB)por trabajador, pues mayor nivel de productividad. El indicador que utilizamos se refiere específicamente a lo que tiene  que ver con la productividad en el mercado laboral.

¿Qué indica eso para un país?

Indica que cada trabajador en promedio está logrando generar un valor mayor en términos de producción de bienes y servicios. Si todos los trabajadores produjeran lo mismo en un país determinado, por ejemplo, el caso de Panamá, cada trabajador estaría aportando US$25,000 al año al PIB.

Es una medida que se utiliza internacionalmente para evaluar la productividad pero, por supuesto, hay otras medidas que tienen que ver más  con el análisis de una industria  o con una empresa específica que permitiría conocer más en concreto el desempeño y aporte que hacen distintos trabajadores o áreas de una empresas a la producción. 

¿Cuáles son los factores QUE intervienen en la productividad?

Tiene que ver con otros aspectos también que trascienden el ámbito laboral, por ejemplo: trámites, ya sea para exportar un producto, para inscribir una empresa y el tiempo que requiere realizarlos. Además tiene que ver con el estado de la infraestructura; los tiempos que requiere y los costos que implica la movilización de personas y bienes; el paso de la frontera, la modernización de las aduanas. 

Todos esos aspectos tienen que ver con la productividad, al igual que elementos más directamente vinculados con  la producción, como por ejemplo, la calidad  y estabilidad con la que se brindan los servicios de agua, electricidad y telecomunicaciones.

¿Cuándo se considera que un país enfrenta una baja productividad?

Lo  que nosotros hemos venido señalando en los informes del Estado de la Región es que en Centroamérica, si bien hemos logrado cierta recuperación en nuestros niveles de crecimiento económico, después de la crisis de 2008-2009,  nuestros niveles de productividad se mantienen muy bajos, no han variado de manera significativa, durante los últimos años y los países que tienen mejor desempeño, Costa Rica y Panamá tienen niveles inferiores a US$30,000 por trabajador al año, que es más o menos el promedio de América Latina, una región que no destaca a nivel internacional por sus niveles de  productividad en el mercado laboral.

¿Cuál es la relación entre la productividad y el envejecimiento poblacional?

Las sociedades centroamericanas se están envejeciendo, aunque los países que están más avanzados en ese proceso de transición y sobre todo de envejecimiento, son Costa Rica y Panamá que acaban el período de bono demográfico  en 2020.

En otros países el proceso avanza de igual manera a un ritmo un tanto distinto, pero en la misma dirección, ¿qué es lo que sucede? Para el momento que tengamos poblaciones envejecidas, como la que hoy existe en países europeos y Japón, quienes estén activos en el mercado de trabajo van a tener que ser altamente productivos, tendrán que generar un aporte al PIB muy alto para poder soportar a una población que va a estar inactiva, sobretodo porque van a ser adultos mayores. 

Con este nivel de productividad que tenemos y con el lento avance, en el mejor de los casos, que estamos teniendo en este indicador, no estamos preparándonos para enfrentar los retos  de esa transición demográfica, que son retos para los países. 

En Guatemala el bono culmina en 2050, pero para el resto de los países como  El Salvador  acaba en 2035, Nicaragua y Honduras en  2040, entonces estamos hablando de márgenes de maniobra que cada vez se vuelve más estrecho para realmente elevar estos niveles de productividad y emprender las transformaciones que permitan avanzar en este indicador.

¿Las estructuras productivas condicionan la productividad?

En la mayor parte de la región continua todavía concentrada en actividades de bajo valor agregado, mucho relacionado con la agricultura y actividades informales y esto requiere ser revisado para aprovechar oportunidades del mercado internacional, del mercado local, e intrarregional para emprender dinámicas productivas que nos permitan tener productos de mayor valor agregado, porque estos productos son los que nos van a permitir avanzar en materia de productividad.

Para lograr esa escala también es importante  elevar el nivel educativo de la fuerza de trabajo.  En Centroamérica a nivel regional, cerca del 60% de la fuerza  de trabajo tiene seis años o menos de educación, ¿que niveles de productividad le podemos pedir a un trabajador con tan bajo nivel educativo?

Es necesario actuar de manera simultánea en la transformación y modernización  de la estructura de nuestros países y en lograr elevar el nivel educativo de la población acorde con los requerimientos  con estas  actividades que deberíamos estar visualizando.

¿Cuáles son las barreras para incrementar la productividad?

Hay algunos problemas de carácter estructural que podrían estar limitando la productividad, por ejemplo en la mayor parte de la región las políticas de fomento a la producción se han restringido casi de manera exclusiva a la promoción de las exportaciones y a  la atracción del turismo y la inversión extranjera directa  y esto no debe ser así porque también hay  otras oportunidades que son muy relevantes para nuestros países, como la producción para en el mercado interno, que en la coyuntura de la crisis económica mundial nos permitió en otros países mitigar el impacto  de la contracción en las remesas, exportaciones en los flujos de inversión extranjera directa. Entonces, la producción para el mercado local debería  ser parte de las apuestas productivas.

También hay otros problemas como el cortoplacismo en las apuestas  de política pública de parte de los Estados, sino también por parte del sector privado.

¿Qué estrategias se deberían adoptar desde el sector público y privado?

Desde el sector privado es fundamental generar espacios de diálogo, intercambio y coordinación con el Estado, tanto para plantear sus perspectivas, apuestas productivas y qué es lo que van a necesitar del Estado para llevar a cabo esos emprendimientos productivos, relacionando con infraestructura, servicios públicos y perfil educativo de recurso humano que van a  necesitar para desarrollar esos proyectos.

De parte del Estado, se requiere un análisis mucho más claro de  cuáles son las oportunidades que los países tienen de cara al mercado global, pero también al local, en la  prestación de servicios, en la producción de alimentos, pero ya no pensando en alimentos frescos, sino darle valor agregado a incluso a algunas exportaciones que podría avanzar a productos agroindustriales, será una  forma de avanzar en las cadenas de valor  y generar mayores posibilidades de mejorar la productividad.