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Hasta hace ocho meses Marcos Lacayo Bosche no sabía si su emprendimiento tendría los resultados planteados desde el principio. Durante dos años probó en el mercado nicaragüense un quiosco de salud que prometía revolucionar los servicios clínicos en el segundo país más pobre de América Latina sin lograr los resultados que él esperaba. Fue hasta abril de 2017 cuando los números indicaron que el proyecto Estación Vital estaba entrando a la fase de crecimiento. 

“Estación Vital está en una fase muy linda, nos estabilizamos, en diciembre vamos a crecer, pondremos un centro de llamadas y una oficina. Estamos en la etapa donde no duermo. Hace siete meses yo no sabía si esto iba a arrancar, o  de la forma en que a mí  me gustaría, una cosa es que se mantenga, y otra es que crezca. Y ya está empezando a crecer”, cuenta Lacayo, un joven de 35 años que dejó su estabilidad laboral en Estados Unidos para impulsar, con el apoyo de Central American Healthcare Initiative (CAHI), tres estaciones de salud en centros comerciales de Managua. 

Su emprendimiento, al año de entrar en el incierto camino del éxito, fue incluido en la selecta lista de las “30 promesas de Centroamérica que buscan transformar al istmo”, publicada por la revista Forbes México y que destacó los elementos innovadores de los emprendimientos. La facturación anual de Bosche alcanzaba entonces los US$30,000.  Además de los quioscos donde los nicas se practican chequeos preventivos de salud, ahora el emprendedor se prepara para expandirse a toda la región con la apuesta por un servicio inusual en estas tierras: La telemedicina. El sector privado promueve entre los jóvenes una cultura emprendedora.

Pero, ¿cuál ha sido la clave del éxito? La innovación. Sin embargo en esa materia Nicaragua está rezagada. Por ejemplo, en el Índice de Emprendimiento Global 2017 (GEI), del Instituto Global de Emprendimientos y Desarrollo (GEDI, sigla en inglés) el país ocupó la posición 129 de 137 países evaluados, bajando 10 puestos en comparación a 2016. 

Los aspectos que consideró el organismo son capital humano, innovación de producto, internacionalización, capital de riesgo, apoyo cultural, habilidades de inicio, redes de negocios, innovación de procesos y competencia; y en ellos el país solo creció 0.7 puntos, al pasar de 55.3% en 2016, a 56% para 2017. Aun así el documento destaca que la mayor fortaleza en Nicaragua es la innovación de productos, pero necesita más absorción de tecnología.

Propuesta de valor

El presidente del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), José Adán Aguerri, considera que el emprendimiento no es un tema sencillo, pero es necesario en vista de que las grandes compañías no pueden emplear a los miles de jóvenes que egresan de las universidades del país. “Son necesarios jóvenes con pensamiento crítico, creatividad e innovación. Los trabajos que hoy conocemos, dentro de cinco años van a ser muy diferentes”, reflexiona.

Sin embargo, el dirigente empresarial reconoce que en innovación Nicaragua se encuentra rezagada. “Al fondo del barril”, grafica. Y en esa realidad cree que hay fallas tanto del sector público como privado, pues existe muy poca inversión en desarrollo de investigación. “Lo que nosotros hacemos es copiar, no apostamos a crear lo propio, es un tema que requiere recursos, vos podés decir: vamos a montar una política de innovación, pero si no va acompañada de recursos se va a quedar en papel”, expone.

El director de Latin American Center for Entrepreneurs de la escuela de negocios Incae,  Urs Jäger, coincide con Aguerri al expresar que sin innovación en los emprendimientos, se está generando más de lo mismo. “La mayoría de los productos que tenemos son copias, si generás el mismo emprendimiento de un artesano, como cuatro o cinco más, se vende más de lo mismo”, insiste.

Es por eso que aplicar la fórmula de la innovación a ideas de negocios permitiría a la economía nicaragüense y centroamericana, crecer. En ese sentido, el informe El emprendimiento en América Latina: muchas empresas y poca innovación, publicado por el Banco Mundial (BM) en 2014, destaca que el gran desafío para la región es que las empresas aumenten la productividad con innovación para que el crecimiento económico pueda ser sustentable en el largo plazo.

En ese informe, Nicaragua se ubica como uno de los países con menor porcentaje de empresas que introdujeron un producto nuevo en el período 2006-2010. De un total de 57 países evaluados, Nicaragua aparece en el lugar 52 con poco más del 20% de empresas con un producto nuevo.

“Los emprendedores, si no tienen una propuesta de valor distinta y mejor que ofrecer, ¿por qué habrían de merecer el refrendo del mercado? Para las empresas establecidas, la innovación es el camino para hacer cada día mejor su trabajo. Y sin una clara vocación de ser cada día mejor para tus clientes y para todos los que te rodean, ¿por qué deberías seguir existiendo en un marco de libre competencia y en ausencia de privilegios?, analiza por su parte Juan José Güemes, presidente del Centro de Emprendimiento e Innovación de IE Business School, de Madrid.

Según Güemes, innovar más allá de la mejora permanente de los productos o procesos es un trabajo distinto a gestionar. “Casi ninguno de nosotros somos capaces de prestar la atención debida a dos tareas al mismo tiempo. Los mismos procesos que nos ayudan a hacer lo que tenemos que hacer de forma más eficiente son el principal impedimento para encontrar formas radicalmente distintas de hacer las cosas”, añade.

Lo que el país necesita

El director ejecutivo de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides), Juan Sebastián Chamorro, prevé que para los próximos años se podría considerar la promoción de emprendimientos relacionados al proceso de transformación productiva del país, como una forma de apoyar a su cambio.

“En Funides estamos trabajando en promover el diálogo sobre la transformación productiva. En Nicaragua, alrededor del 85% de lo que exportamos en la actualidad, también lo exportábamos en 1995. Por lo cual, estamos desarrollando una nueva línea de investigación que trabaje en la investigación de productos que están próximos a nuestro nivel de complejidad, pero que sean más complejos y permitan diversificar nuestra matriz exportadora”, responde Chamorro a la pregunta de qué tipo de emprendedores necesita Nicaragua.

Incluso esa visión es compartida por el director del Programa de Emprendedores de la Universidad Americana (UAM) Manuel Salgado, quien dice que Nicaragua es un país en el que el sector primario tiene mucho peso, pero no ha sido atractivo para los emprendedores. 

“El sector primario, que tiene un alto peso en el PIB (Producto Interno Bruto), ha sido descuidado. Ahí el emprendimiento no ha incidido. Tenemos una alta producción de carne, pero el valor agregado que se le debería sacar no le hemos aprovechado. Ahí hay oportunidades de negocios. La urbe hace que nos concentremos en la ciudad y que se repitan las ideas que otros han desarrollado”, lamenta Salgado.

Resolver problemas

El presidente del Centro de Emprendimiento e Innovación de IE Business School, Güemes, está convencido de que en los próximos años crecerán emprendedores capaces de resolver los grandes problemas de la sociedad, aplicando tecnología e innovación. “El tipo de innovación que se produce con mayor frecuencia entre los emprendedores que entre las corporaciones es la que llamamos “disruptiva” por su capacidad de hacer lo costoso y complejo más barato y sencillo y de hacerlo accesible a la mayoría”, razona. 

Güemes ve grandes oportunidades de negocios y de impacto social en otros ámbitos como la sanidad, la educación, la energía, o la agricultura. “La ventaja que tienen los emprendedores centroamericanos para poder aprovechar esas oportunidades es la cercanía a los problemas: todo gran emprendimiento empieza por la comprensión profunda de un problema que tiene que ser resuelto y ese conocimiento de los problemas y necesidades de los centroamericanos es más fácil adquirirlo en Centroamérica que desde Madrid o San Francisco”, plantea.

Justamente Bosche, la cabeza de Estación Vital,  expresa que todo emprendedor debe resolver problemas en el mercado donde operará. Es por eso que considera que no solo se debe emprender por dinero, y aunque es un factor importante, llega como añadidura. 

“El emprendedor no puede hacerlo solo por dinero. Para tener éxito hay que resolver un problema, ayudar a una comunidad. En mi caso es la salud, pero tiene que nacer de la idea de ayudar. Ya después de eso viene un mejor horario, un mejor estilo de vida, mejores resultados, la causa es la necesidad de mejorar la vida de los demás”, exterioriza el joven desde un lugar en Managua donde se reúnen decenas de emprendedores.

Su emprendimiento, valora, surgió para disminuir la falta de acceso a servicios preventivos y primarios de salud. En los últimos dos años ha atendido  a más de 40,000 personas y ha realizado más de 150,000 evaluaciones médicas. 

“Somos 6 millones de personas (en Nicaragua) y el 20% tiene acceso a internet, ese porcentaje puede hablar con un médico a través de nuestra plataforma, pero la gente que no tiene internet cuenta con la posibilidad de hablar con un médico desde nuestros quioscos. Queremos poner estas instalaciones en áreas rurales donde no hay acceso a la salud”, añade. 

En Nicaragua, hasta 2017 se contabilizaban 6,393,826 habitantes y por cada 10,000 hay 12 camas hospitalarias, 9 médicos, 8 enfermeras y 7 auxiliares de enfermería, de acuerdo con estadísticas del Ministerio de Salud (Minsa). “Hay una necesidad de acceso a salud”, repite el emprendedor nicaragüense. 

Políticas públicas y privadas

En los últimos meses José Adán Aguerri, presidente del Cosep, ha recorrido varias casas de estudios de Nicaragua para hablarle a los estudiantes sobre el emprendimiento. Les ha dicho a los jóvenes que emprendan, pues el país vive en una economía industrial y digital que necesita emprendimientos. Y esa sería la ruta para que tengan sus propios negocios y no sean asalariados. 

“No hay que conformarse con ser asalariados porque el mundo se está dirigiendo a un lugar donde el emprendimiento tiene mayor peso”, enfatiza. Sin embargo, cree que tanto el sector privado y público deben tomar cartas en el asunto. Como presidente de la principal gremial de empresarios, dice que se han impulsado programas dirigidos a emprendedores, que consisten en asesorías y financiamiento. 

El tema del financiamiento, sumado a políticas fiscales poco amigables y exceso de burocracia son algunos de los principales retos que afrontan los emprendedores. Y no es un problema de Nicaragua, es un problema que se repite en otros países de Latinoamérica.

Así lo expone el especialista y asesor en emprendimiento de América Latina, Enrique Gómez Gordillo: “En la mayoría de nuestros países es un verdadero calvario iniciar una empresa. Alguna vez un empresario me dijo que, en Latinoamérica, emprender es un “delito que se persigue de oficio”.

Su análisis apunta a que los gobiernos mantienen cargas fiscales excesivas que dificultan la actividad emprendedora, y por eso recomienda que se debe facilitar el inicio de operaciones empresariales a través de reducir la burocracia y aprovechar la tecnología; desarrollar una política de apoyo fiscal a los emprendedores con tasas reducidas y acceso a asesorías en impuestos que los ayuden a aprovechar los beneficios fiscales al máximo.

Al respecto, el director de Latin American Center for Entrepreneurs de la escuela de negocios Incae,  Urs Jäger, dice que una nación que no ayuda sistemáticamente a personas que tienen ideas nuevas, “es un país  que no puede tener un  mercado dinámico”, además supone un riesgo grande “que personas que tienen buenas ideas quieran salir del país y quieran generar esa innovación fuera del país”.

En tanto, el presidente de la organización de Emprendedores Juveniles de Nicaragua (EJN), Rodrigo Ibarra Rodney, habla de un tema medular: la educación. Una política orientada a mejorar la calidad educativa, la diversificación o personalización de la enseñanza, y asignación de recursos suficientes, dice, fortalecería los vínculos entre innovación, emprendimiento y productividad.

Emprendimientos que mueren

Jorge Ruiz al salir de la universidad inició a trabajar en una agencia de publicidad. A los dos años se dio cuenta que no quería ser empleado, y decidió fundar su propia empresa: una agencia de Relaciones Públicas. Pero fracasó. “Perdí dinero, y quise volver a ser empleado, sin embargo hice un análisis, valoré cuáles fueron las fallas. Luego entendí que lo mío era el diseño y la publicidad, fue así que reorienté mi empresa”, recuerda. 

Si hubiera desistido de seguir con el emprendimiento, no estaría empleando hoy día a seis personas, y no tendría en su portafolio de clientes a importantes empresas del país. 

Urs Jäger ve el fracaso como un factor importante. “No hay que celebrar emprendedores por criterios de éxito. El apoyo a ayudar a fracasar es mucho más importante y sano para los ecosistemas de emprendedores que el tratar de generar héroes”, explica. Y sobre las estadísticas de que la mayoría de emprendimientos mueren, señala que no es posible elevar la tasa de supervivencia, aunque sí se necesita que fracasen sin perder la motivación de empezar de nuevo.

Más allá del éxito o fracaso,  Matteo Grazzi, especialista en la División de Competitividad e Innovación en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), enfatiza que hoy es indiscutible la necesidad en América Latina y el Caribe de apostar a la innovación y al emprendimiento de alto impacto para mejorar los niveles de productividad de la economía y la calidad de vida de la población. 

“Necesitamos más investigación de alta calidad para ayudar a los responsables de política a tomar las mejores decisiones y a aplicar los instrumentos adecuados. Necesitamos abordar nuevas preguntas y desafíos tales como el surgimiento de la economía digital, la innovación social y las industrias creativas. Necesitamos más y mejores evidencias del impacto de los programas de innovación y emprendimiento. Y tenemos que lograr una masa crítica de investigadores latinoamericanos que trabajen en estos temas”, planteó Grazzi en su blog Puntos sobre i.