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Nicaragua requiere de un plan estratégico a 15 ó 20 años para desarrollar la mediana y pequeña empresa, sector en el cual está colocado el futuro de la creación de empleo y de la riqueza del país, sostiene el doctor Domingo Frixione, experto en el tema.

Entrevistado por EL NUEVO DIARIO, el doctor Frixione señala que sólo en los archivos del Estado hay entre 60 y 80 estudios sobre las posibilidades de las medianas y pequeñas industrias, sin embargo, hasta ahora no se ha diseñado un plan que se ponga una meta y obtenga recursos para que este sector se convierta realmente en el motor del desarrollo de Nicaragua.

De acuerdo con el experto, los estudios en su momento han tenido el objetivo de hacer reflexionar a la sociedad sobre la importancia del sector de las Mipymes, pero sin llegar a poner en acción ningún plan y sin darle seguimiento real al sector.

Frixione señaló que uno de los mayores problemas ha sido que a lo que se echa a andar por parte de algún gobierno, no le da seguimiento el que lo reemplaza y, por lo tanto, todo queda a medias, luego se vuelva a hacer otro estudio y al fin de cuentas prácticamente nada se pone en acción y nada cambia.

Según el estudioso, la falta de una real capacitación tiene al sector colapsado y se requiere ordenarlo par un desarrollo coherente, añadiendo que de nada sirve que se gasten millones en estudios que sólo quedan en los centros de documentación.

De acuerdo con el experto, hay 150 mil Mipymes formales, censadas, pero existen cerca de medio millón en el sector informal, pero en ninguno de los casos las cifras han sido validadas, con cada proyecto se han duplicado estudios, tanto desde el Instituto Nicaragüense de Censos como desde el Ministerio de Fomento.

Sostiene Frixione que el punto de partida es averiguar de qué tamaño es realmente el universo de las Mipymes, porque si no se conoce, es muy difícil dictar políticas coherentes, globales y que el sector sea atendido como uno solo.

Esfuerzos dispersos
Hasta ahora la cooperación internacional ha estado apoyando al sector, pero con esfuerzos dispersos que poco se conocen. Los cooperantes más activos son de Alemania, Suiza, Italia, Suecia, Holanda, entre otros, que a lo largo de 2007 habrían dado unos 60 millones de dólares en colaboración a todo el sector de las pequeñas y medianas empresas, tanto urbanas como rurales.

En Nicaragua hay estudios sobre todo --cuencas, agronomía, forestación, entre otros--, pero, señala el experto, hay que pasar de los estudios a la acción, y dejar de estar trayendo consultores por cualquier ocasión.

Para Frixione la entrada del neoliberalismo en Nicaragua agudizó los problemas, los hizo más grandes y la brecha se amplió, porque ese sistema es para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres, afectando a muchas microempresas.

El estudio señala que hay que tomar todos los estudios y lanzarse a trabajar en un plan coherente de 15 a 20 años para convertir a la mediana y a la pequeña empresa en los motores del desarrollo de Nicaragua. Ese tipo de plan debe ser desarrollado entre el gobierno y el sector privado, añadió.

Capacitación y asociatividad
La mayoría de las Mipymes necesitan capacitación para poder operar, invertir bien los recursos que se les puedan facilitar, porque si no van a perder; hacerles ver a los dueños de pequeñas empresas que deben obtener más conocimiento y no despreciar el entrenamiento.

De acuerdo con el doctor Frixione, el mejor modelo para el desarrollo de las Mipymes es el que conlleva una trilogía que está formada por capacitación, préstamos y visita de técnicos, modelo que se ha implementado en distintas partes del mundo, como en las naciones asiáticas, República Dominicana, Panamá, El Salvador y en algún momento en Nicaragua.

Para el experto, es muy importante además que las Mipymes, urbanas o agrícolas, comprendan que es muy importante desarrollar un modelo asociativo, el cual tiene más futuro que uno donde prevalece el individualismo, que no permite realmente el progreso.

En ese sentido señaló que no sólo hay que dar capacitación directa, sino también anexar la educación técnica entre los planes de formación, desarrollar las destrezas y buscar las certificaciones sobre la producción y los procesos, como las buenas prácticas de manufacturas, las normas de calidad HCCP e ISO en la microempresa.