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La Unión Europea y México aplazaron ayer hasta 2018 la conclusión de sus discusiones para modernizar su acuerdo comercial, un nuevo revés para el objetivo europeo de cerrar este año estas negociaciones tras el registrado con el Mercosur.

“Hemos hecho muchos progresos, estamos muy cerca de un acuerdo”, dijo la comisaria europea de Comercio tras reunirse con el ministro mexicano de Economía, una frase similar a la pronunciada días atrás en Buenos Aires respecto al Mercosur.

La llegada de Donald Trump, y de su proteccionismo, a la Casa Blanca en enero motivó a la UE, que se ve como adalid mundial del libre comercio, a impulsar sus negociaciones comerciales entonces en curso con Japón, México y los países del Mercosur para lograr un acuerdo antes de fines de 2017.

Los mandatarios europeos, en una reunión de alto nivel, instaron así en marzo a sus negociadores a avanzar “con determinación”, pero solo lograron finalizar el proceso con el país del sol naciente y en dos fases: un ‘acuerdo político’ en julio y el anuncio final en diciembre.

La conclusión de las negociaciones demuestra la “fuerte voluntad política” de “continuar izando alto la bandera del libre intercambio”, se ufanaron el 8 de diciembre el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y el primer ministro nipón, Shinzo Abe.

Sensible sector agrícola 

¿Qué ocurrió entonces con las banderas de los países latinoamericanos? El sector agrícola, sensible para los países europeos y que ya supuso un escollo en los recientes acuerdos con Canadá y Japón, sigue pesando fuerte, especialmente en las sobresaltadas negociaciones con el Mercosur desde 1999.

El bloque sudamericano, formado por Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, esperaba poder anunciar un “acuerdo político” en Buenos Aires, en los márgenes de la Organización Mundial del Comercio, pero la UE pidió tiempo para evaluar la oferta mejorada del Mercosur y completar la suya.

La incógnita sigue pesando sobre los productos clave para el bloque sudamericano: la carne bovina y el etanol. Los sudamericanos esperan la oferta revisada de una UE que en octubre propuso una cuota de 70,000 toneladas de carne bovina y de 600,000 toneladas de etanol anuales.

Francia está particularmente preocupada por el impacto sobre sus agricultores, y los sindicatos europeos del sector presionan para evitar un acuerdo en estos productos, una férrea oposición que recrudecieron durante la llamada crisis de la carne adulterada registrada en Brasil en marzo.

En el caso de México, una fuente cercana a la negociación dijo que las discusiones no registraron los avances necesarios, especialmente respecto a los productos lácteos, con los productores mexicanos denunciando la intención de la UE de proteger ciertos nombres de quesos en común a ambos lados del océano Atlántico.

Los primeros meses de 2018 se avecinan cruciales para ambas negociaciones, máxime cuando México enfrenta una elección presidencial en julio y Brasil, la principal economía del Mercosur, elige también a su jefe de Estado en octubre.