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Nicaragua tiene, entre sus retos, aumentar la productividad, la diversificación y el valor agregado de lo que produce, comenta Mario Arana, gerente general de la Asociación de Productores y Exportadores de Nicaragua (Apen), al analizar el futuro de la economía del país. Gran parte del crecimiento de la economía nicaragüense dependerá del sostenimiento de las tasas de inversión extranjera directa, porque esta es importante para financiar el déficit comercial externo, dice Arana al responder las preguntas de El Nuevo Diario.

¿Cómo valora el desempeño de la economía nicaragüense en este 2017?

Nicaragua, luego de cuarenta años, logra recuperar las mejores condiciones en su entorno económico en términos estructurales. Los factores favorables a considerar son el entorno estable de disciplina monetaria y fiscal, la integración con la región y con los socios comerciales más importantes con quienes se logran acuerdos de libre comercio, y la eliminación de la enorme gravitación de la deuda externa del país, que pasa a estar por debajo de 50% del PIB y que permite desde hace unos diez años niveles de inversión extranjera directa de alrededor de US$1,500 millones brutos y unos US$800 millones netos, de niveles promedio de US$250 a US$300 millones hace diez años. Esta hace anticipar un crecimiento de al menos 4.5% para el 2017.

¿Cuáles son sus proyecciones para el 2018? ¿Crecerá más que en 2017?

Hay una proyección de al menos 4% para el 2018, es una buena tasa de crecimiento, pero Nicaragua debe crecer más. La principal amenaza a estos logros está en la incertidumbre de la relación comercial y política con su principal socio comercial, los Estados Unidos. Se debe hacer todo lo posible por normalizar esta relación y ayudará mucho en este sentido un buen entendimiento político.

¿Cuánto debe crecer la economía para no generar inflación? 

Para el 2017 se espera que la inflación sea de alrededor de 4% y, de acuerdo al plan presupuestario de mediano plazo del Gobierno, se espera que la inflación no pase de 6.5% para el año 2018. Pero, a mí no me preocupa una inflación empujada por un sobrecalentamiento porque tenemos muchos recursos y posibilidades para crecer sin generar inflación. Lo que me preocupa es que la inflación se produzca como resultado de la política cambiaria que tenemos en el país o por un gasto excesivo.

Ya que hablamos de la política cambiaria, ¿qué opina usted del sistema cambiario, de deslizamiento, que existe en Nicaragua?

Nicaragua tendría que estarse preparando para, en algún momento, cambiar este régimen de tipo de cambio. Lo hemos sostenido por demasiado tiempo y ya está agotado. Son muy pocos países en el mundo, dos o tres, los que tienen un régimen como el nuestro. Creo que Nicaragua debería estar considerando moverse hacia un régimen de dolarización total o hacia un régimen de cordobización con tipo de cambio flexible, como lo han hecho muchos países de América del Sur con gran éxito. Eso protegería mejor la competitividad del país. En la actualidad, el tipo de cambio presiona la inflación y convierte en perdedores a todos aquellos que dependen de ingresos que no están indexados al dólar.

¿Qué medidas se deben tomar para mantener estable o lograr una disminución del déficit del sector público?

El déficit del Gobierno central está muy controlado, de hecho este año después de donaciones tiene un superávit de 0.5%. El reto lo tenemos en los déficits del Sector Público No Financiero, en donde empresas como el INSS y Enacal más ENEL, tienen déficits que afectan el balance positivo del Gobierno y nos llevan a tasas negativas de alrededor de 3% del PIB para este año. Se deben tomar medidas que profundicen correcciones en el INSS y Enacal, especialmente.

¿De qué manera se podría financiar el déficit que está sufriendo el INSS, con miras al 2018?  

En este caso, o se reducen beneficios o se aumenta la carga o una combinación de ambas en la dirección de corregir los déficits, a la vez que se controlan los gastos y se aumenta la participación del empleo formal que ha caído con respecto a diez años atrás. Se debe de privilegiar el empleo por sobre los salarios para enderezar esta situación y, sobre todo, ver cómo se logran ganancias en productividad mediante inversión pública que mejore nuestra productividad.

¿Cómo esperan cerrar este año 2017? ¿Qué déficit proyectan para 2018?

El déficit comercial se ha reducido de 19% a 16% este año. Es posible que esto se ensanche el próximo año, en la medida que sube el precio del petróleo, se estabilice el crecimiento de las exportaciones a la mitad del crecimiento de este año, mientras las importaciones crecen con relación al 2017.

¿Cómo están los niveles de reservas internacionales? ¿Se encuentran sanos? 

Se ha dado un aumento fuerte de US$200 millones, en línea con las recomendaciones del FMI. Y se espera que lo mismo se logre el próximo año, por lo que el consumo se continuará desacelerando lo mismo que la liquidez, dadas las operaciones de mercado abierto que continuarán contrayendo la liquidez de la economía y, todo esto, para lidiar con los potenciales riesgos del entorno externo político y comercial especialmente. El nivel de reservas bruto es de alrededor de US$2,700 millones, que nos compran unos cuatro meses de exportaciones y cubren más de dos veces la base monetaria, pero este es un nivel relativamente bajo todavía con respecto a lo deseable.

Lo positivo es que el país tiene capacidad de endeudamiento externo, si fuera a haber presión externa, pero no es lo deseable. La transformación de la matriz exportadora hacia productos con mayor valor agregado es más necesaria que nunca, lo mismo que la diversificación hacia bienes con mayor complejidad, dadas las tendencias más bien estables de precios de nuestras exportaciones por los próximos diez años.

¿Qué impacto tiene el costo de la energía en la productividad o competitividad de las empresas?

Para la transformación productiva exportadora de Nicaragua se debe contar con un costo de la energía más competitivo. Sobre este asunto, reitero, el desafío sigue siendo abaratar el costo de la energía como el criterio fundamental hacia adelante para los siguientes diez años. Ese es el reto y puede ocurrir en la medida que se reducen pérdidas técnicas y no técnicas en la distribución. Hay recursos que el Estado ha gestionado con este propósito, ante la incapacidad aparente del distribuidor de realizar estas inversiones. Dadas las tendencias de los precios internacionales del petróleo, lo más probable es que no convenga invertir en energía renovable por al menos los siguiente cinco años, a diez años, porque con excepción de la solar, no compite con la generación térmica. Dada la capacidad existente, probablemente continúe siendo más competitivo generar con energía térmica lo que haga falta.

En el corto plazo, y considerando la demanda de energía y su crecimiento natural, en términos de nuevas inversiones lo que convendría es buscar que los ingenios generen todo el año, con carbón u otros combustibles, lo que seguiría probablemente como de las mejores opciones para incidir en abaratar la energía. En cualquier circunstancia, convendrá renegociar con las empresas térmicas una vez que se vencen sus contratos. Eventualmente, una vez que se pague la inversión de las empresas de energía renovable y se venzan sus contratos, igual se irán abriendo oportunidades de renegociar hacia la baja las tarifas de estas fuentes en particular. Eso es una limitante por el momento para reducir el costo de la energía, pero luego se abren otras posibilidades de capitalizar estas inversiones. La iniciativa de energía distribuida es positiva y oportuna para inyectar competencia al sistema y pone presión a todos por ser más competitivos.