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La economía de Guatemala se reactivó este año luego de un 2016 incierto con el cambio de gobierno y un temor latente de empresarios y funcionarios por la fiscalización y las acciones contra la corrupción emprendidas desde 2015, cuando se destaparon los primeros casos.    

Si bien el país tropezó en la baja ejecución del gasto público durante 2017, lo que derivó en mantener el presupuesto para 2018, o el crecimiento de la inflación acumulada, hubo incremento de remesas y se reactivó la actividad económica, según los indicadores oficiales.    

Sin embargo, aún es palpable la desigualdad que se vive en el país centroamericano, cuya diferencia de clases se hizo evidente con la Encuesta Nacional de Vivienda (Encovi) 2014, del Instituto Nacional de Estadística (INE), en la que situaba al 59.3 % de la población en condiciones de pobreza y el 23.4 % en la pobreza extrema.    

La encuesta, hecha pública en diciembre de 2015, también destacaba que el 1% más rico de la población tiene un ingreso igual a la suma de los ingresos del 40% más pobre.    

El presidente del país de las desigualdades, Jimmy Morales, intentó promover un presupuesto para 2018 que fue rechazado por tanques de pensamiento (think tanks), casas de estudios y por el propio Congreso, fallando en su intento de solicitar 84,596 millones de quetzales (11,556 millones de dólares) y debiendo repetir los 76,989 millones de quetzales (10,517 millones de dólares) vigentes.    

El principal argumento en contra: la baja ejecución presupuestaria, la cual se estima que culminará el año en 69.9% usado del total del dinero, casi 3 puntos menos que en 2016.   

Otro punto incierto fue la recaudación de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT), aún pendiente de reportarse el último mes del año, pues hasta noviembre había recaudado 49,450 millones de quetzales (6,746.24 millones de dólares), lejos de los 57,900 millones de quetzales (7,899 millones de dólares) de meta.    

En cuanto a la inflación, según el INE, Guatemala también sufrió un aumento de 0.43 puntos respecto del año pasado, con un 4.86% en los 11 meses de este año.   

Sin embargo, el Banco de Guatemala (Banguat) reportó que, a octubre de 2017, el Índice Mensual de la Actividad Económica (IMAE) mostró un crecimiento de 2.8%, cuando en 2016, en la misma temporalidad, se había sumado 1.7%.    

El comportamiento descrito, explica el Banguat, se vio influenciado por “la incidencia positiva que experimentaron, principalmente las actividades económicas siguientes: transporte, almacenamiento y comunicaciones; industrias manufactureras; servicios privados; comercio al por mayor y al por menor; y agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca”.    

También mejoró la balanza cambiaria, pues al 30 de noviembre de 2017 se contaba con un superávit de 2,617.1 millones de dólares, por los 1,538.6 millones de dólares del período anterior.    

Las exportaciones crecieron en 608.8 millones de dólares respecto de las 8,621.1 millones de dólares del año pasado (lo que significa un 7.1% más), siendo los sectores de maquila, azúcar, café, banano y aceites comestibles los más activos, llevando productos principalmente a Estados Unidos, Centroamérica, Europa, México y Panamá, regiones que en conjunto representaron el 77.6 % del total de lo enviado al exterior.    

En cuanto a las importaciones se situaron en 15,073.5 millones de dólares, superior en 1,108.5 millones de dólares al período anterior, influenciado “por la variación positiva” en combustibles, lubricantes y materias primas para la industria, según el Banguat.    

Finalmente, las remesas continuaron la tendencia sumatoria que mantienen desde hace una década, con 7,471.9 millones de dólares, que superaron los 7,159.9 millones de dólares al 30 de noviembre de 2016.    

Pese a revitalizar algunos sectores de la economía nacional, las necesidades de los guatemaltecos continúan vigentes, pues el 67% de la población sufre carencias que vulneran su bienestar, como lo refleja el índice de pobreza multidimensional del Índice de Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe 2016, de Naciones Unidas.    

Según el estudio, entre 2002 y 2013, el único país de la región evaluada que aumentó sus niveles de pobreza fue Guatemala, que reportó un aumento del 7%, con un total de 3 millones de personas.