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Promover el crecimiento económico desarrollando factores internos como la inversión pública y privada es una de las recomendaciones del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para Latinoamérica, en el estudio “La hora del crecimiento”, presentado este fin de semana en Argentina.

Después de Panamá, Nicaragua es el segundo país de Centroamérica con el mayor porcentaje de asignación a gasto de capital (inversión), 27.81%.​

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En las acciones de políticas públicas que sugiere el BID, destacan el monitoreo de los gastos públicos y la eficiencia con que se realizan. La composición del gasto público es importante para la actividad económica, porque el efecto de la inversión pública en el crecimiento económico es mayor que el efecto del gasto corriente, sostiene el estudio.

El Presupuesto General de la República (PGR) de Nicaragua, correspondiente a este año, indica que el 71.48% (C$62.28 millones) del total del gasto corresponde a gastos corrientes, y el 28.52% (C$24.85 millones) será destinado a gasto de capital.

El gasto corriente es el consumo del Gobierno, lo que gasta en pagos de salarios y compras de bienes y servicios que contrata. Los gastos en capital, es la inversión para construir infraestructura.

Con relación a 2017, esta proporción se ha mantenido  relativamente estable. En el caso del gasto corriente, fue de 72.19%, su peso disminuyó 0.71 puntos porcentuales; y en el gasto de capital aumentó en ese período en la misma cuantía.

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Según el presupuesto aprobado para el 2018, las asignaciones al gasto de capital se incrementaron 11.7% con relación a 2017, mientras que lo destinado a gasto corriente aumentó 7.8%.

Después de Panamá 

En Centroamérica, las asignaciones públicas al gasto de capital son inferiores a las de Nicaragua (27.81%), con excepción de Panamá. En 2017 oscilaron entre el 10.63% y el 18.04%. Únicamente Panamá registra una tasa superior, con 35.72% del total.

Costa Rica es el país que destina menos de su gasto público a  gasto de capital, 10.63% del total. El Salvador designó el 14.20% y Guatemala el 18.04%.

Los multiplicadores del gasto en capital, expuestos en el estudio del BID, indican que en Centroamérica son positivos. Esto indica que mayores inversiones públicas en capital registrarán mejoras notables en el PIB, aunque en medidas distintas, en dependencia de la eficiencia del gasto, según el investigador líder en el Departamento de Investigación del banco y coautor del estudio, Eduardo Cavallo.

Solo en Ecuador y Trinidad y Tobago las inversiones públicas de capital no ocasionarían mejoras en la economía.

“Altos multiplicadores de gasto de capital, como el caso de Nicaragua, tienen la oportunidad de generar mayor aumento del producto (PIB), mayor crecimiento a partir del aumento de inversión pública. El alto multiplicador de capital significa que el gasto público puede redundar en un país como Nicaragua en un aumento del crecimiento”, explicó Cavallo al ser consultado por EL NUEVO DIARIO.

Pero, señala que es necesario revisar las fuentes de financiamiento para la inversión, un multiplicador alto (superior 2.5). “Si hay un alto multiplicador de impuestos y tiene signo negativo, significa que si aumentan mucho los impuestos, le puede afectar negativamente el crecimiento. No sería buena idea aumentar mucho los impuestos para financiar un aumento en la inversión pública”, comentó el especialista.​

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Sugiere, en este caso, “reasignaciones de gastos, entre corriente y de capital, que permitieran aprovechar el alto multiplicador de la inversión sin generar distorsiones a partir de aumentos muy significativos de los impuestos”.

“Hay que tener cuidado porque estos son números agregados, se tienen que ver a detalle. Es una buena idea aumentar la inversión pública, pero  hay que tener cuidado cómo lo financia”, advirtió Cavallo.

El estudio del BID precisa que dependiendo de los países se requiere una reorientación del gasto Archivo/END

Sesgo contra el crecimiento 

En la región latinoamericana existen sesgos contra la inversión pública, en relación con el consumo. Este sesgo se manifiesta cuando en tiempos de bonanza económica se aumenta el gasto corriente y el de capital, y en épocas poco favorables la inversión (gasto de capital) se reduce. A criterio del especialista, esto se relaciona más a composición del gasto que con ciclicidad del gasto y política fiscal.

“Cuando uno mira cómo se divide el gasto corriente y de capital en América Latina y el Caribe, uno ve que cuando la economía anda bien aumentan simultáneamente (gastos de capital y corriente), y en períodos de menor actividad económica y se requiere un ajuste, lo único que se ajusta son los gastos de capital, porque es más sencillo recortar la obra pública que ajustar los gastos corrientes. Lo que uno observa es que, como estos procesos se repiten a lo largo del tiempo, este comportamiento asimétrico genera un sesgo en contra de la inversión pública porque siempre se recorta en los períodos de recesión, mientras que los gastos corrientes no”, dijo el economista del BID.

Para reducir estos sesgos, es necesario identificar las razones que los producen y en base a eso tratar de diseñar reglas de la política de endeudamiento que traten de contrarrestarlos. “El sesgo en contra de la inversión es sesgo contra el crecimiento”, destacó.

Cómo diferenciar los gastos

Cavallo indicó que las reglas fiscales vigentes en la región se enfocan en el gasto total, como techos máximos del gasto público y sus ritmos de crecimiento, y el grado máximo de endeudamiento público.

“Las reglas que se han utilizado han puesto el foco hasta hoy en el gasto público total. Se necesitaría pensar en reglas fiscales que permitan diferenciar gastos corrientes e inversión, para regir su comportamiento de manera distinta. Es muy importante, desde nuestro punto de vista, tratar de proteger la inversión pública durante períodos de recesión porque permite el aumento del stock del capital público (infraestructura), y si está bien diseñada e implementada va a permitir que la economía goce de mayor incremento de la productividad y bienestar. Hay que ir al detalle de las reglas fiscales, para asegurar su efectividad”, explicó.

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En cuanto a las reformas tributarias, el estudio del BID precisa que dependiendo de los países se requiere una reorientación del gasto, eliminación de impuestos distorsivos, modificación de regímenes especiales y creación de espacios fiscales.

“Las reformas tributarias dependen de cada país, requieren un consenso social y político, tiene que ser consensuado entre los distintos sectores sociales. Es necesario dar ese debate porque es muy importante que la estructura tributaria favorezca el crecimiento y no se convierta en un obstáculo más”, puntualizó Cavallo.