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El Gobierno de Costa Rica anunció ayer que invertirá a partir de este año 52 millones de dólares en la compra de entre 8 y 10 trenes, con capacidad para al menos 350 personas cada uno, que brindarán el servicio en el área metropolitana.    

El estatal Instituto Nacional de Ferrocarriles (Incofer) informó en un comunicado de que ya se han identificado ocho empresas internacionales que cumplen como proveedoras de los equipos con las especificaciones técnicas necesarias para Costa Rica.   

Si están interesadas, estas empresas deberán enviar sus ofertas al Incofer. Además de los trenes, que funcionarán con diesel, la compra incluirá el mantenimiento de las unidades, capacitación de personal tanto de transportes como de taller; herramientas y repuestos para optimizar la vida útil del equipo ferroviario, así como un Centro de Control de Trenes moderno para garantizar la seguridad en el servicio.    

Según el Incofer, el presupuesto contemplado para esta adquisición es de 52 millones de dólares, del que el 40 por ciento ya está incluido en el presupuesto de la institución para 2018, y se espera que para el año 2019 se presupueste otro 20 por ciento y que se finalice en 2020 con el pago del último 40 por ciento.    

Costa Rica es un país de 4.7 millones de habitantes y según datos del Incofer cada año el tren transporta 4 millones de pasajeros en el área metropolitana, que incluyen las cuatro principales ciudades del país: San José, Alajuela, Heredia y Cartago.   

El tren urbano presta el servicio entre estas ciudades con máquinas que funcionan a base de diesel, tienen poca capacidad de pasajeros y grandes limitaciones de vías, frecuencia, señalización vial y tecnología.    

En junio pasado el Congreso de Costa Rica aprobó una ley que pretende modernizar y fortalecer el Incofer, con el fin de contar con un tren eléctrico y aumentar la capacidad de endeudamiento de la entidad hasta el 40% del valor de sus activos, estimados en unos 1,100 millones de dólares.  

Comenzar a construir el proyecto de un tren eléctrico es una promesa de campaña de los dos candidatos presidenciales que el próximo 1 de abril disputarán la segunda ronda: el oficialista Carlos Alvarado y el evangélico Fabricio Alvarado.