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El crecimiento de la economía de Nicaragua sigue dependiendo de los precios de los productos agropecuarios en el mercado internacional y del clima, porque carece de tecnología para aumentar la productividad y reducir los riesgos en la agricultura.

En 2017, el Producto Interno Bruto (PIB) nicaragüense creció 4.9% y el Banco Central explicó que ese año la actividad económica “se benefició de un entorno internacional favorable y de buenas condiciones climáticas”, que impulsaron las exportaciones del país.

De los sectores que aportan al PIB, los que más crecieron el año pasado son la agricultura (10%), el pecuario (12.7%) y la pesca y acuicultura (10%). La construcción, que en el año 2015 creció 23.6%, solo subió 3.1% en el 2017.

El resultado sería mejor si Nicaragua dispusiera de sistemas para irrigar buena parte de sus tierras con potencial agrícola. Según el último Censo Agropecuario Nacional (Cenagro), de un total de 262,546 fincas agropecuarias registradas en el país solo el 4.41% cuenta con riego.

Visto en términos de superficie cultivable, de un total de 7.19 millones de manzanas de tierra solo el 2% tiene riego.

Lo paradójico es que Nicaragua posee una alta oferta de recursos naturales, y el mismo censo constata que el 83% de las fincas tiene fuentes de agua al alcance que pueden ser aprovechadas para la irrigación de cultivos.

“Inversiones en riego serían herramientas excelentes para mitigar el riesgo climático”, explica Róger Íncer, gerente de crédito agropecuario del Banco de la Producción (Banpro). “Y lo que se pueda crecer en áreas de riego, equivaldría a la duplicación de áreas por el simple hecho de poder hacer dos siembras de cultivos temporales por año”.​

“Otra cosa muy importante, es que este tipo de inversión, además permite reducir el costo fijo de las empresas agrícolas, pues el recurso humano que en una empresa de secano pasaría ocioso en los veranos, con riego tendrían trabajo en verano e invierno, con lo que el costo administrativo se vería más diluido”, dice Íncer.

Entre los riesgos internos a la economía nicaragüense, el Banco Central destaca este año “el impacto del cambio climático” y reconoce que en 2017 “las actividades agrícolas crecieron 10% (6.7% en 2016) favorecidas, principalmente, por mejores condiciones climáticas”.

La banca financia cerca del 10% de las áreas agrícolas de Nicaragua, enfocándose en productos exportables con más valor, como el café, maní y caña de azúcar. La Asociación de Bancos Privados (Asobanp) ha explicado que evitan financiar otros cultivos por los riesgos en la recuperación del crédito, un factor que se reduciría con la irrigación porque las cosechas ya no dependerían solo de un período lluvioso estable.

4.4 por ciento de 262,546 fincas agropecuarias registradas en el país tienen sistemas de riego.  Archivo/END

Una vía para crecer 

Sobre el problema de la irrigación agrícola, el expresidente del Banco Central, Noel Ramírez, dice que la causa principal ha sido el costo de la energía eléctrica. Recuerda que cuando estuvo al frente del BCN, un inversionista le presentó la idea de llevar agua del lago Cocibolca a toda la región del Pacífico de Nicaragua, donde están las tierras más productivas, pero en aquel momento (1999) la prioridad del Estado era lograr la condonación de la deuda externa.

“Los servicios públicos y la infraestructura vinculados a la actividad exportable, deben ser competitivos a nivel internacional”, indica Ramírez.

La Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Económico y Social (Funides) propuso el año pasado una transformación productiva de Nicaragua “para crecer más rápido”. De inicio, elaboró una lista de 100 productos, entre ellos, el cacao y cuero, de los cuales el país produce poco y podría exportar más, o no los produce del todo, pero están acorde con sus capacidades productivas y su nivel de desarrollo de capital humano.

Funides proyecta que así el país podría alcanzar un crecimiento anual de 8% del PIB, tres puntos más de lo conseguido en 2017.

 “Creo que hay consenso en que la clave está en mejorar la productividad del país”, afirma el economista Carlos Muñiz, quien sugiere desarrollar programas de asistencia técnica y financiera para beneficiar, en particular, a los medianos y pequeños empresarios.

“En Nicaragua, en cierta época tuvimos instituciones como el Banco Nacional y el Infonac (décadas de 1960 y 1970) que contribuyeron a mejorar la productividad del país en su conjunto y tenían programas de crédito rurales”, relata.

Para superar los obstáculos al crecimiento económico, Muñiz destaca el tema de “la institucionalidad política y económica, porque esto hace que los gobiernos sean más responsables, atiendan mejor a sus pueblos y le den seguridad a la inversión”.

“Un problema ligado al tema institucional es que el trato que se le da al mediano y pequeño inversionista, en términos de resolverles problemas y atender sus necesidades, es muy distinto” que el recibido por otros sectores empresariales.

2 por ciento de 7.19 millones de manzanas de tierra cultivables poseen riego en Nicaragua.  Archivo/END

Un punto frágil

Los datos del Banco Central sobre el enfoque del gasto, en el PIB 2017, muestran que la Formación Bruta de Capital (inversión) cae en ese año con relación a los anteriores. En 2015 y 2016 subió 24% y 3.9%, respectivamente, y en 2017 fue de -1.4%.

Noel Ramírez considera “preocupante la tendencia del comportamiento de la formación de capital, ya que después de crecer al 24%, aumentó a menos del 4% y ahora, no ha habido crecimiento”.

“Esto se tiene que revertir o el crecimiento del PIB caerá y lo más interesante es tratar de entender cuál es la causa”, advierte Ramírez. “En el muy corto plazo, el crecimiento en el consumo es tan importante como el crecimiento en la inversión (formación de capital) para sostener el crecimiento del PIB. Sin embargo, en el mediano plazo, solo el crecimiento en la inversión, acompañada del crecimiento en las exportaciones, sostendrá el crecimiento del PIB”.

Ramírez comenta que en economías pequeñas, como la de Nicaragua, “el crecimiento en el largo plazo y de forma sostenible está en el sector exportador, y por lo tanto, la situación de la economía mundial y los precios internacionales de nuestros productos de exportación juegan un papel fundamental”.