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Latinoamérica vive una fase de “suave” recuperación económica, pero ha caído en la “trampa del ingreso medio” y hay una creciente “desconexión” entre los ciudadanos y sus gobiernos, según un informe presentado ayer en el marco de la VIII Cumbre de las Américas, que se celebra en Lima.

El producto interno bruto (PIB) de la región creció 1.3% en 2017, de acuerdo con el informe “Perspectivas económicas de América Latina 2018”, elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (Cepal) y CAF Banco de Desarrollo de América Latina.       

Crecimiento

Tras un período de cinco años de lento crecimiento y un bienio 2015-2016 en recesión, Latinoamérica está en una “senda de recuperación suave”, destaca el estudio, que proyecta que el PIB de la región crecerá entre el 2 y 2.5% en 2018. “No es muy rápida, pero sí hay una recuperación de la economía latinoamericana”, dijo en una entrevista con Efe Mónica Aspe, presidenta de la junta directiva del Centro de Desarrollo de la OCDE.        

La recuperación económica tiene como principales factores la mejoría en la economía global, así como diversos factores domésticos, aunque, según advierte el informe, este desempeño es menos favorable que el vivido por la región durante la fase expansiva de la década del 2000.    

Señalan el papel fundamental que desempeñan las instituciones para superar la “trampa del ingreso medio”, esto es la desaceleración del crecimiento que suele darse después de alcanzar niveles de renta media, un escenario en el que se encuentran ahora muchas economías latinoamericanas.        

“Se trata de países que crecen rápidamente y que, cuando empieza a haber una clase media, se estancan y es muy difícil seguir avanzando. Se quedan allí muchos países atorados en tasas de crecimiento bajas, que tienen que ver con la baja productividad en Latinoamérica”, explicó Aspe.

El informe observa que el debilitamiento del desempeño económico de la región en los últimos años ha impactado en el nivel de vida de sus habitantes y “podría poner en peligro el notable progreso socioeconómico de las décadas anteriores”.        

La deuda social es aún elevada: el 23% de los latinoamericanos vive por debajo del umbral de la pobreza. 

Pero, por otra parte, el estudio celebra la rápida expansión de la clase media como una de las principales transformaciones de la región en los últimos tiempos: un 34.5% de la población se podría considerar como clase media “consolidada” en 2015, por encima del 21% en 2001.

“Quizás la mejor noticia que tenemos en América Latina es que en los últimos 15 años en la región se ha reducido veinte puntos porcentuales la población que vive en pobreza”, destacó Aspe.

Quienes estaban por debajo de la línea de pobreza son ahora clase media “vulnerable”, un paso adelante, pero si no se consolida el crecimiento, está siempre latente el riesgo del regreso a las filas de los que ganan menos de US$4 por día. 

En tanto, el crecimiento de la clase media ha hecho aumentar las expectativas de los ciudadanos  frente a las instituciones públicas, unas demandas que los gobiernos no siempre logran resolver.        

“Entonces va creciendo esta separación, esta desconexión entre los ciudadanos  y los gobiernos. Aunque hay matices, la pérdida de confianza de los ciudadanos en las instituciones públicas es bastante generalizado en Latinoamérica”, observó Aspe. 

El informe, que fue lanzado la semana pasada en Bruselas, fue presentado ayer a los jefes de Estado de las Américas reunidos en Lima, donde se ha puesto el foco en la corrupción y su impacto en la gobernabilidad.

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