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De las 1,120 toneladas de desechos orgánicos que produce diariamente Managua, solo 44.8 toneladas se reciclan, el resto va al relleno sanitario o queda esparcida en calles y cauces de la ciudad. Eso representa apenas el 4% del total de desechos orgánicos generados en la capital. El desaprovechamiento de la materia orgánica implica no solo una amenaza para la salud del medio ambiente a causa de la contaminación, sino también la pérdida de mucho dinero.

David Narváez, presidente de la Red de Emprendedores Nicaragüenses del Reciclaje (Rednica), explicó que cada día Managua produce un total de 1,600 toneladas de basura: 70% orgánica y 30% inorgánica, y a esta última tampoco se le saca provecho, ya que solo el 7% de ella es reutilizada.

“Nos referimos a desechos de alimentos comidas, estiércol de animales, malezas, rastrojos de cosechas, residuos de mataderos que no estamos recuperando”, manifestó Narváez. ​

Narváez apuntó que los desechos orgánicos podrían ser una gran oportunidad económica, a través de la generación de biogás y fertilizantes, tal como ocurre en varios países, incluso de la región, como El Salvador, donde están exportando abono orgánico de primera calidad.   

Biogás

El biogás es un biocombustible gaseoso obtenido mediante la descomposición de  residuos orgánicos por microorganismos a través de la vía anaeróbica. Este podría utilizarse como combustible doméstico en el uso de cocinas y como generador de energía eléctrica.

Sin embargo, Roberto González, director ejecutivo de la Compañía Centroamericana S.A. de Biogás (CCA Biogás), indicó que el mercado de biogás en Nicaragua no ha recibido la atención que merece por parte de los sectores públicos y privados, pese al elevado impacto en el desarrollo económico y la seguridad alimentaria en Centroamérica y otras partes del mundo.

“Cuando digo combustible doméstico no me refiero solamente al que se utiliza en el seno familiar, también a las haciendas cafetaleras o fincas ganaderas podrían utilizar el biogás para echar a andar las cocinas. Pero además están los grupos electrógenos, es decir, motores que generan electricidad a base de biogás. Con esto se podrían mover los equipos de riego, las ordeñadoras mecánicas y la refrigeración de la leche, entre otras cosas “, dijo.

Inversión 

González manifestó que el equipo básico para la trasformación del material orgánico consta de un digestor, un tanque de mezcla, una cámara de compensación y un tanque de biol. Las plantas de biogás tienen costos variados dependiendo de su capacidad, pero van entre US$9,000, US$15,000; US$20,000 y hasta US$30,000, cuya inversión se podría recuperar en dos o tres años. ”Son proyectos rentables que retribuyen la inversión en un corto y mediano plazo”, dijo.  ​

El especialista señaló que para el diseño de los digestores anaeróbicos hay que considerar tres escalas principales. La escala doméstica que procesa de cuatro a 18 metros cúbicos. El biogás en esa escala se emplea fundamentalmente para la cocción de los alimentos. La escala productiva o intermedia que procesa de 27 a 1,000 metros cúbicos, el cual se usa preferentemente en aplicaciones productivas en fincas, fábricas e instituciones diversas.

Y la escala industrial con capacidad superior a 1,000 metros cúbicos, empleado principalmente para la generación de electricidad o como biocombustible en la industria o la agricultura. 

Impacto en el ambiente 

González señaló que la basura orgánica es la que más problemas ocasiona al medioambiente, debido a la descomposición y los malos olores. “Produce metano (CH4) que va directo a la atmósfera y ese metano es un gas invernadero 21 veces más fuerte que el dióxido de carbono (CO2)”. 

La implementación de digestores resulta fundamental en este contexto debido a que transforman los residuos orgánicos y evitan la emisión de metano; sustituyen el combustible convencional y reducen las emisiones de dióxido de carbono; y además sustituyen los fertilizantes químicos y reducen las emisiones de óxido de nitrógeno (N2O). 

El presidente de Rednica destacó que en Nicaragua se necesita voluntad para empezar a hacer esos cambios. “Urge voluntad política para el aprovechamiento de los desechos. Necesitamos modelos de recuperación de este tipo de materiales y colocarlos donde podamos generar energía o abono orgánico”, enfatizó.