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PARÍS, (AFP)

Evaluar las consecuencias económicas de una eventual pandemia de gripe porcina es difícil por el momento, pero las estimaciones en cifras realizadas en el caso de la gripe aviar y de la neumonía atípica (SRAS) pueden dar una idea de su alcance.

En 2006, el Banco mundial elaboró un registro con diversos indicadores que ilustraban las consecuencias económicas de las enfermedades animales.

Éstos medían, por ejemplo, las pérdidas de productividad, de ingresos de los sectores que utilizan los recursos animales (agricultura, transporte...), el impacto en sectores indirectos como el turismo o el ocio, y costos de la prevención y del control (en el gasto público).

Las dos pandemias --la gripe aviar y la SRAS-- (epidemias de gran amplitud) y una epizootia (enfermedad que afecta una especie animal) permitieron entregar algunos elementos sobre el impacto económico, real o estimado.

La gripe aviar apareció en 2003, cuya cepa H5N1 del virus que la produce mató a más de 250 personas, sobre todo en el sudeste asiático.

Según un informe del Banco Mundial de 2008, una pandemia de amplitud “moderada” podría costar casi dos puntos porcentuales del Producto Interior Bruto (PIB) mundial, mientras que una grave pandemia privaría al PIB mundial de casi cinco puntos porcentuales, es decir, más de tres billones de dólares.

En 2006, el Fondo Monetario Internacional (FMI) estimó que una grave pandemia de gripe aviar tendría un “impacto pronunciado, pero de corta duración” sobre la economía mundial.

La epidemia de SRAS apareció en China a fines de 2002 antes de extenderse al resto de la región al año siguiente.

Habría costado 20,000 millones de dólares a los países de Asia en concepto de PIB y se habría saldado por gastos generales y pérdidas comerciales en 60,000 millones de dólares, según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que datan de 2007.

El costo total para los países de Asia alcanzaría más de dos millones de dólares por persona contaminada, según el documento.

La pandemia afectó a 8,000 personas y dejó más de 800 muertos en el mundo, de los cuales casi 350 en China.

La fiebre aftosa, muy contagiosa para los animales, en principio no es transmisible al ser humano si bien se observaron algunos casos en el pasado.

En 2001, Gran Bretaña debió enfrentar una epizootia que en total costó unos 90,000 millones de dólares, de los cuales 49,000 millones “de incidencia negativa” en los sectores del turismo y de los pasatiempos, según un informe del Banco Mundial de 2006.