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Los milénicos aún no se sienten preparados  para la cuarta revolución industrial, revela la Encuesta Anual de Millennials 2018 de la firma Deloitte, publicada recientemente. De acuerdo con datos del estudio, seis de cada 10 milénicos no están preparados para la cuarta revolución industrial.

La muestra de esta encuesta comprende a  10,455 milénicos (1983-1994) de 36 países. Otras 1,850 personas eran de la generación Z (1995-1999), provenientes de seis países y recientemente incorporadas a la fuerza laboral. 

Aunque en el grupo de países no está incluido Nicaragua y ningún otro país de la región, Cristina Cubero, directora de Consultoría de Deloitte, afirma que la muestra elegida puede representar a la región aunque no descarta que la cantidad de milénicos no preparados para estos cambios sea mayor en la región.

Menos de 4 de cada 10 milénicos (36%) y 3 de cada 10 empleados de la generación Z sienten que tienen las habilidades requeridas para triunfar y buscan empresas, para ayudarlas a tener éxito en esta nueva era, señala la firma.

“El estudio revela datos para países emergentes que permiten trazar y entender la realidad centroamericana. El porcentaje global de milénicos que indican no estar preparados es de 6 de cada 10, dato que en nuestra región podría ser mayor. En general estas generaciones, que muchas nacieron o crecieron con un mayor contacto digital, saben que el nuevo mundo del trabajo implica tener conocimientos y sobre todo habilidades totalmente nuevas y es por esto que señalan la urgencia de reaprender o estar mejor preparados”, explicó Cubero.

A pesar de no sentirse listos, la mayoría  (52% de los milénicos y 50% de la generación Z) considera que la cuarta revolución industrial les permitirá enfocarse en trabajos “más creativos, humanos y de valor agregado”.

“Dentro de las habilidades que ellos quieren reforzar más allá del componente técnico, se encuentran las necesarias para liderar, influenciar, analizar, resolver, enseñar y crear. Estas áreas son esencialmente humanas y quienes las desarrollen tendrán mayor posibilidad de tener empleos justos y retadores”, expone Cubero.

El 39% de los encuestados señala a las empresas como las principales responsables de capacitarlos en materia laboral sobre temas como la robótica y la inteligencia artificial, mientras que el 19% responsabiliza al Gobierno y solo el 11% afirma que las universidades serían las responsables.  

La especialista afirma que todas las tareas repetitivas, rutinarias y predictibles serán fácilmente sustituidas por una máquina, por lo que los perfiles necesarios para el futuro subirán de nivel y “esto es el principal temor de los jóvenes”.

“El nuevo mundo del trabajo implica un rediseño total de las empresas, los puestos y por tanto de los aprendizajes y el conocimiento y precisamente es por esos cambios radicales que los jóvenes reclaman que lo que aprenden en las universidades y las empresas sean también rediseñado para “poder” realmente ser empleables en el futuro”, apunta Cubero.

En cuanto a los factores que ocasionan que los jóvenes encuestados no se sientan listos, la especialista destaca que está relacionado al entendimiento de cómo la tecnología cambia el trabajo, los conocimientos que reciben en las universidades y las empresas.

“El primer factor es su entendimiento de cómo la tecnología cambia el trabajo. Ellos que usan y viven la tecnología en su vida personal tienen una claridad enorme que los trabajos no serán iguales y por tanto lo que hoy saben no será suficiente en ese nuevo mundo del trabajo”, señala.

Cubero indica que la necesidad de aprender más y más rápido, podría indicar que lo que aprenden en las universidades y las empresas no es necesariamente lo que necesitan o quieren aprender.

“Se ratifica desde otros estudios, por ejemplo, el estudio de Tendencias de Recursos Humanos de Deloitte 2018, que indica que menos del 40% de las empresas en Centroamérica cuenta con planes para formar a los jóvenes en las competencias necesarias. Estos dos indicadores, que las empresas no estén preparando a los jóvenes y que los jóvenes reclamen mayor aprendizaje, son en definitiva una clara señal de alarma para nuestra región”, indicó.

La especialista agrega como factor, que las habilidades y conocimientos que hoy tienen no son suficientes para lograr mejores empleos. 

“Muchos jóvenes desean optar por puestos que presentan requisitos y habilidades, en las cuales no han sido formados ni por las universidades ni por sus empleos previos”, dijo.

La especialista recomienda un replanteamiento total de qué y cómo aprenden los jóvenes, articulación de programas de aprendizaje constantes y sobre todo híbridos que unan las ciencias sociales y las ciencias exactas más el arte. 

“También es necesario empoderar a los jóvenes para que incrementen su autoformación y a las empresas y universidades para que incluyan el desarrollo de habilidades esencialmente humanas, pensamiento crítico, negociación, análisis”, sugirió.