•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La migración de nicaragüenses a distintos países en los últimos años ha significado un impulso al crecimiento económico del país, por el aumento en los ingresos por remesas familiares.

Sin embargo, ese binomio entre migración y remesas se ha convertido en una práctica recurrente en la historia socioeconómica del país, según el economista independiente Luis Murillo, quien explica que existen principalmente “dos fuentes de origen” del fenómeno: “Por un lado, problemas de crisis económica; y por el otro, conflictos políticos extremos que en el peor de los casos terminan con la pérdida de vidas humanas, desintegración familiar y fuga de cerebros necesarios para una prosperidad económica presente y futura”.

De 2010 al 2017, según datos de las Naciones Unidas, la cantidad de migrantes nicaragüenses en distintos países pasó de 611,000 personas a 658,200; es decir 7.73%. En tanto los ingresos por remesas ascendieron a US$1,390.8 millones, con un crecimiento de más de 10% con respecto a 2016. En los tres años previos habían tenido crecimientos superiores al 5%.

El monto de remesas recibido en 2017 representó un 10% del producto interno bruto (PIB) de Nicaragua.

En su ensayo “Nueva diáspora migratoria en período de crisis: ¿Hacia dónde se inclina la balanza: Aumento de Remesas familiares o fuga de población sin esperanza en Nicaragua?”, Luis Murillo explica que el “binomio migración/remesas se convierte en una de las válvulas de escape” en los países en desarrollo, ante la falta de acción por parte de los gobiernos para estructurar políticas socioeconómicas para lograr el desarrollo humano y económico de sus conciudadanos.

“La explicación de inacción por parte de los responsables de políticas públicas se explica debido a que el fenómeno migratorio/remesa genera una posición cómoda de doble vía, pues por un lado, los tomadores de decisiones no tienen que esforzarse por hacer su trabajo (de crear políticas públicas idóneas), para generar puestos de empleos permanentes y, por otra parte, el país recibe un flujo financiero (remesas) importante que suple el déficit de ahorro interno de nuestra economía”, afirmó el economista.

El monto de remesas recibido en 2017 representó un 10% del producto interno bruto (PIB) de Nicaragua. Archivo\END

Explicó que, “no obstante, ese proceso solo es un paliativo, hasta que la economía mundial y los países receptores de nuestros migrantes, entran en ciclos de recesión económica y se genera una presión social inversa que crea en el futuro mayor incertidumbre al expulsar conciudadanos que luego requieren regresar al país de origen”.

Los países que más captan migrantes nicaragüenses son Estados Unidos, Costa Rica, Panamá y España.

Murillo sostuvo que mientras los nicaragüenses se encuentran en el extranjero están a expensas del contexto y las políticas migratorias de los países receptores.

Explicó que generalmente el flujo de remesas familiares que llega al país no es usado adecuadamente, pese a que “existen algunas experiencias exitosas de países, que a través de políticas públicas novedosas lograron dar buen uso a estos recursos financieros”.

De acuerdo con el estudioso, la migración, pese a aportar a la economía del país por medio de los ingresos por remesas, no necesariamente tiene efectos positivos sino más bien crea afectaciones más allá de la perspectiva económica.

De 2010 al 2017, según datos de las Naciones Unidas, la cantidad de migrantes nicaragüenses en distintos países pasó de 611,000 personas a 658,200. Archivo\END

Señaló que los nicaragüenses en el exterior suelen ubicarse en actividades económicas con baja remuneración; se enfrentan a un elevado nivel de discriminación y exclusión social, porque existe la mala percepción de que el migrante nicaragüense aumenta la oferta de mano de obra barata y es responsable de patologías sociales, como robo y drogadicción; promueve la desintegración familiar, porque “las y los padres relativamente jóvenes dejan a sus hijos e hijas a cargo de ascendientes o amigos”; y que por lo general se va la población productiva, en su mejor edad para contribuir al crecimiento de la nación.