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El ministro iraní de Petróleo, Biyan Zangané, aseguró ayer que “no ha habido un cambio importante” en la producción y exportación del petróleo de su país, pese a las amenazas de Estados Unidos de frenar las ventas del crudo iraní. 

Zangané explicó que Irán ya había ideado un plan para contrarrestar las amenazas del presidente estadounidense, Donald Trump, y que está “funcionando con éxito”.

“Hay una guerra comercial (...). Nosotros seguiremos con nuestros planes”, subrayó el ministro, cuyo país exportó el mes pasado (junio) 2.8 millones de barriles de crudo y gas condensado al día.    

Hace una semana, el gobierno iraní anunció que ofrecerá su petróleo a través de la bolsa de valores nacional, donde el sector privado podrá comprarlo de forma transparente y luego exportarlo, según sus planes para evitar las sanciones estadounidenses. 

Dichas sanciones sobre el sector energético entran en vigor el próximo noviembre y Washington ya ha amenazado con que castigará a todas las empresas que a partir de esa fecha continúen haciendo negocios con Irán, sin hacer excepción alguna.    

Además, Trump pidió recientemente a Arabia Saudí aumentar su producción en dos millones de barriles diarios para compensar la falta de suministro de Irán y evitar una subida de los precios, algo a lo que Riad dijo comprometerse. 

Al respecto, Zangané denunció que los principios de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), en la que tanto Arabia Saudí como Irán son miembros fundadores, son que “el mercado no se politice y que la oferta y la demanda determinen el precio del petróleo”. 

“Las medidas políticas causan preocupación y hacen que suban los precios, incluida la orden insultante de Trump a algunos miembros de la OPEP”, dijo el ministro iraní, en alusión a la petición estadounidense a Riad.

La venta del petróleo es uno de los principales requisitos de Irán para permanecer en el acuerdo nuclear de 2015, tras la retirada en mayo pasado de EE.UU. 

El viernes pasado, las cinco potencias mundiales que permanecen en el acuerdo --Rusia, China, Reino Unido, Francia y Alemania-- se comprometieron a buscar vías para mantener los beneficios que Irán espera del pacto, incluyendo las exportaciones de petróleo y gas.

Sin embargo, el temor a las sanciones ya ha provocado que numerosas empresas anuncien que dejarán de trabajar en Irán, entre ellas la petrolera francesa Total, y que muchos países se planteen no seguir comprando el crudo iraní. 

Ante esta situación, el presidente iraní, Hasan Rohaní, y algunos altos comandantes de los Guardianes de la Revolución han amenazado en los últimos días con interrumpir los embarques de petróleo de los países del Golfo en el estrecho de Ormuz.