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La llegada de El Niño, el fenómeno climático que provoca escasez de precipitaciones, es cada vez más probable.

De acuerdo con diferentes modelos climáticos internacionales, incluyendo la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), existe un 60% de probabilidades de que El Niño llegue en el otoño 2018 del Hemisferio Norte, es decir, entre septiembre y noviembre de este año.

Denis Meléndez, director ejecutivo de la Mesa Nacional para la Gestión de Riesgos, explicó que desde hace varios meses se venía hablando de la probabilidad de que ese fenómeno, El Niño, se instalara a inicios de octubre. 

Para Álvaro Vargas, vicepresidente de la Unión de Productores Agropecuarios de Nicaragua (Upanic), la instalación de El Niño en el país implica un efecto negativo para el sector agropecuario.

Vargas dijo que hay que tomar en cuenta que el sector agropecuario en general depende en Nicaragua casi en su totalidad de las lluvias. Eso, porque según el Censo Nacional Agropecuario más reciente indicó que solo aproximadamente un 5% de las tierras cultivables tienen sistemas de riego.

“Septiembre y octubre son los meses más lluviosos del invierno y es cuando más se llenan las reservas de agua en las fincas, para subsanar el verano siguiente. Tomando en cuenta eso, si se da El Niño, los efectos son negativos”, indicó el vicepresidente de Upanic.

El especialista de la Mesa Nacional para la Gestión de Riesgos señaló que “con el invierno actual no nos ha ido bien” y que eso provocará que no se cumplan las metas de producción.

“Tenemos que sumar que el sector agropecuario, por el ambiente que se está viviendo en el país, no se decidió en un 100% a cultivar en las áreas destinadas con ese propósito. Se ha sembrado un área menor de la que está en los planes. No estamos alcanzando las metas en frijol, maíz, sorgo, plátano, que son para consumo interno”, expresó.

Refirió que también hay complicaciones en los productos de agroexportación, como en el caso de la caña de azúcar, al que la falta de agua le afecta en su crecimiento.

Meléndez indicó que El Niño se extiende por varios meses, de modo que “es probable también que haya un déficit de humedad durante el invierno de 2019”.

Si se establece El Niño en septiembre, llegará cuando el segundo ciclo de producción, conocido como postrera, haya empezado.

Para Meléndez, la escasez de lluvias que implica ese fenómeno también afectaría el ciclo de apante, en el que se cultivan principalmente granos básicos en las partes más lluviosas del país.

Cómo saber cuándo llega El Niño

Para obtener esos pronósticos, los expertos hacen una observación diaria de las aguas superficiales del océano Pacífico a lo largo de la línea imaginaria del Ecuador. Cuando hay un leve calentamiento de esas aguas, se da todo un aviso de alerta, y si en un período relativamente corto se observa que se mantiene ese incremento de la temperatura promedio, se comienza a emitir los pronósticos.

Actualmente, según Meléndez, hay otros elementos asociados al clima que indican una mayor probabilidad de la presencia de El Niño a finales de septiembre.

“Tuvimos en este año una canícula no usual en la región. Llegó un poco anticipadamente. Hay indicios de que hemos tenido un invierno atípico. No ha llovido, como se dice popularmente, parejo. Ha habido áreas geográficas del país, donde ha llovido regularmente, pero hay otras donde las lluvias han sido dispersas”, afirmó el director ejecutivo de la Mesa Nacional para la Gestión de Riesgos.

Vargas manifestó que los pronósticos climáticos, junto con los demás problemas que enfrenta el sector agropecuario, como la toma ilegal de tierras, hacen ver aún más un panorama muy sombrío para la economía del país. Y es que insistió que cuando se escasean las lluvias, se afecta la productividad en el agro y la ganadería.

“Este año el invierno ha sido bastante irregular. Ha llovido, pero las lluvias no han sido constantes y ha habido períodos largos de falta de lluvia. Así que  a la ya golpeada economía, por el problema sociopolítico en Nicaragua, se le sumarían estos fenómenos”, aseveró.