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Algunos de los principales aeropuertos de Latinoamérica se han sometido a reformas para responder a la creciente demanda de conectividad aérea; sin embargo, la capacidad para recibir a cerca de 1,100 millones de pasajeros anuales que se prevén para 2040 sigue rezagada. 

Organismos como la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) y el Grupo de Acción de Transporte Aéreo (ATAG) han instado a los latinoamericanos a modernizar o a construir nuevas terminales aéreas, en una región que cada vez es más atractiva para los negocios y para el turismo. 

Un reciente informe de ATAG señaló que el transporte aéreo en Latinoamérica genera US$156,000 millones en actividad económica y 7.2 millones de empleos. 

Según cálculos del Banco de Desarrollo de América Latina-CAF, se requiere de una inversión de US$53,150 millones entre 2016 y 2040 para adecuar la capacidad de las terminales al incremento de pasajeros, que llegará a los 1,100 millones anuales al final de ese período.        

México

México es precisamente uno de los países donde los expertos consideran que es urgente invertir, pese a que esta semana los mexicanos le dijeron “no” a la construcción del nuevo Aeropuerto Internacional, valorado en US$13,300 millones y que llevaba un 30% de avance.

Luego de cuatro jornadas de consultas a la ciudadanía, el 28 de octubre, se anunció que el 69.5% de los votantes —unos 747,000— se decantaron por reacondicionar el actual Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y combinarlo con las operaciones de Toluca y el de la base aérea de Santa Lucía. 

Algunos de los principales aeropuertos de Brasil han recibido inversiones en los últimos años después de que el Gobierno subastara concesiones para operar y mantener las instalaciones antes del Mundial de futbol de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. 

Brasil subastó en 2013 las concesiones para operar los aeropuertos internacionales de Río de Janeiro y Belo Horizonte, el segundo y quinto del país, mientras que un año antes se subastó el de la capital Brasilia. 

En Colombia, el Gobierno anterior puso en marcha un ambicioso plan de modernización de 91 aeropuertos con una inversión de unos US$2,350 millones.

Dentro de ese programa se incluyó la construcción del nuevo aeropuerto internacional El Dorado de Bogotá, que se convirtió en el primero en movimiento de carga de América Latina y el tercero en flujo de pasajeros. Se pasó de movilizar 20 millones de pasajeros en 2010 a 36 millones en 2017.
En octubre, el Gobierno peruano entregó los terrenos para la ampliación del aeropuerto internacional de Lima, donde se construirá una segunda pista de aterrizaje y una nueva terminal aérea con una inversión de US$1,200 millones. Se prevé que el número de pasajeros pase de cuatro millones a los 23 millones a finales de 2018. 

El Gobierno argentino emprendió una política para impulsar el transporte aéreo con inversiones por US$800 millones para renovar buena parte de los aeropuertos entre 2016-2019. 

Para 2021 se prevé la remodelación del aeropuerto de Ezeiza, en las afueras de Buenos Aires, con un costo de US$400 millones. 

En Venezuela en 2013, el Gobierno aprobó 1,921 millones de bolívares (entonces US$64 millones) para el llamado Plan Maestro del Aeropuerto Internacional de Maiquetía “Simón Bolívar”, las obras no han concluido por el escándalo con Odebrecht. 

Paraguay proyectó en 2015 la ampliación de su principal aeropuerto, el Silvio Pettirossi, en Asunción, y se le adjudicó la obra al consorcio entre la española Sacyr y la chilena Agunsa en 2016, el cual está estancado por irregularidades en el proceso. En agosto de 2016, Cuba anunció que la empresa francesa Bouygues se encargaría de la reforma del aeropuerto internacional José Martí de La Habana. Los plazos y costos no los reveló el Gobierno. 

El Aeropuerto Internacional de Las Américas de Santo Domingo ejecuta una remodelación por US$30 millones. 

El proyecto para ampliar el mayor aeropuerto de Bolivia, en Santa Cruz, lleva varios años estancado por problemas de financiación, después de que en 2016 fuera cancelado el contrato con una empresa china y en 2017 se pospusiera sin fecha una inversión de US$300 millones.

El de Santa Cruz y los otros dos grandes aeropuertos internacionales de Bolivia, los de El Alto-La Paz y Cochabamba, ya fueron reformados entre 2013 y 2015, con una inversión de US$12 millones. 

En Puerto Rico el aeropuerto internacional Luis Muñoz Marín sufrió en 2017 los embates del huracán María, aún no está operativo completamente y se estima que los daños suman US$80 millones. 

Tocumen espera al papa Francisco

Inversión. Panamá está en la recta final de un gran proyecto de ampliación del Aeropuerto Internacional de Tocumen, en la capital, por unos US$800 millones y a cargo de Odebrecht. 

Se prevé que para enero de 2019 esté listo, precisamente por la celebración de las Jornadas Mundiales de la Juventud a las que asistirá el papa Francisco, y se estima que movilizará nueve millones de pasajeros adicionales anualmente, a los 15 millones actuales.

Desde 2016, el aeropuerto de Guatemala ha tenido pequeñas remodelaciones. En julio se anunció una inversión de US$1.5 millones para evitar que fuera excluido de la categoría uno de la Administración Federal de Aviación de EE. UU., pero un mes después se anunció su salida. 

En Honduras se suscribió en 2016 un contrato para el proyecto del Aeropuerto Internacional de Palmerola, en la región central, que en parte será financiado por España.

La terminal, que estaría terminada en 2019, sustituirá al Internacional de Toncontín, que no tiene capacidad para aviones muy grandes, con un costo de US$163 millones.  Actualmente se encuentran en proceso de remodelaciones varias zonas del aeropuerto Internacional de El Salvador, monseñor Óscar Arnulfo Romero, con una inversión de unos US$70 millones.