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Fitch Ratings redujo su calificación de riesgo para Nicaragua de “B con perspectiva negativa” a “B- con perspectiva negativa”, la que adjudica a una “contracción económica mayor de la estimada, un creciente déficit fiscal, una liquidez externa más débil y un mayor riesgo de restricciones financieras internas y externas”.

Esta es la segunda vez en el año que Fitch Rating revisa la calificación de riesgo nicaragüense, la primera fue en junio, cuando mantuvo la calificación de “B”, pero reviso a la baja su perspectiva de “estable” a “negativa”.

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La calificadora de riesgo reconoce que aunque hoy la violencia es menor, la inestabilidad persiste y el país está expuesto a otra clase de presiones, tanto internas como externas.

“Aunque el nivel de violencia ha disminuido desde la última revisión de Fitch, en junio, el riesgo de inestabilidad política sigue siendo alto y socava las perspectivas de una recuperación económica. El diálogo entre el Gobierno y la oposición avanzó poco, y el Gobierno está sujeto a una creciente presión internacional sobre su manejo de las recientes protestas políticas”, indica el análisis de la agencia.

Factores económicos

La calificadora reitera que en 2018 y 2019, la economía nicaragüense se contraerá 4% y 1%, respectivamente. Además, los vínculos del país con el sector externo han sido afectados por la crisis, especialmente las inversiones y el turismo.

La Inversión Extranjera Directa (IED) ha sido visiblemente afectada, según las cifras de Fitch Ratings, que indican que en los primeros seis meses del año se redujo en unos US$126 millones, es decir, una caída interanual de 23%.

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La IED neta para este año alcanzará solo el 3.2% del Producto Interno Bruto (PIB), frente al 5.9% de 2017. Es decir, la agencia considera que este año solo se alcanzarán unos US$428.16 millones.

La calificadora de riesgo reconoce que aunque hoy la violencia es menor, la inestabilidad persiste y el país está expuesto a otra clase de presiones, tanto internas como externas.

En la cuenta corriente se contabilizan los ingresos por remesas, los cuales aumentaron US$60 millones en el primer semestre de 2018; sin embargo, otros componentes de la cuenta como los ingresos por turismo y los precios del petróleo (que han encarecido la importación de ese producto) son factores que incidirán negativamente en los resultados de la cuenta.

“Fitch espera un aumento en el déficit de cuenta corriente a 6.2% del PIB en 2018 (5% en 2017) debido a menores ingresos por turismo y mayores precios del petróleo”, afirma el comunicado.

Sector público

La contracción económica ha presionado también las finanzas públicas de Nicaragua. Los ingresos del Gobierno Central en términos de PIB se reducirán 1.6 puntos porcentuales en 2018, las bajas están asociadas a “una menor actividad económica y un cumplimiento tributario más débil”.

El déficit del Instituto de Seguridad Social (INSS) sigue aumentando afirma Fitch, y este factor fue señalado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) como uno de los riesgos para la economía del país.

142,000 han salido del INSS

Los cálculos de Fitch señalan que este déficit puede escalar hasta el 1.1% del PIB, mientras que en 2017 esa proporción se situaba en 0.6% y advierte que “empeorará en ausencia de una reforma paramétrica”.

La calificadora reitera que en 2018 y 2019, la economía nicaragüense se contraerá 4% y 1%, respectivamente. Además, los vínculos del país con el sector externo han sido afectados por la crisis, especialmente las inversiones y el turismo.

Asimismo, la calificadora argumenta que el “Gobierno ha presentado un paquete de reformas, pero no está claro si se pueden implementar en el clima actual. Las reformas al INSS fueron el desencadenante de los disturbios políticos en abril”.

Al igual que otra calificadora (Standard&Poor´s), Fitch expone que la posible aprobación de la Ley de Derechos Humanos y Anticorrupción en Nicaragua, en EEUU, representa un riesgo para el país dado en el impacto a la baja en los desembolsos multilaterales que pueda percibir el país.

Financiamiento

La flexibilidad para financiar déficits más altos es “relativamente limitada”, y el endeudamiento es cada vez “más costoso”, considera Fitch. Para la firma es notorio también el cambio en la estrategia de financiamiento al déficit público, pues de concentrarse en fuentes externas como préstamos pasa ahora a la emisión de bonos.

“El financiamiento está cambiando de subvenciones externas y préstamos concesionales a mercados de capital locales. No está claro cuánta nueva emisión puede absorber el mercado local de capital poco profundo”, expone la firma.