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Aunque los datos más recientes de deuda pública corresponden al primer semestre de este año, muchas variables han cambiado desde entonces, como las previsiones de crecimiento económico del país.

A finales de septiembre pasado, el Banco Central de Nicaragua (BCN) informó que la deuda externa pública y privada ascendía a US$11,728 millones hasta junio, lo que equivale al 82.9% del producto interno bruto (PIB).

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En junio, las proyecciones de crecimiento económico para 2018, según el BCN, eran positivas y superiores al 2.5%.

Sin embargo, las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) sobre la economía nicaragüense indican más bien una contracción del 4% del PIB, escenario en que la proporción de la deuda subiría al 88%, cifra que podría aumentar con la contratación de más deuda en el segundo semestre del año.

Estas cifras cercanas al 90% aumentan el perfil de riesgo del país, porque los pronósticos sobre el PIB son negativos para este año y el próximo (-4%, en 2018 y -1% en 2019).

“Al caer el PIB y mantenerse el momento de deuda, la razón (proporción) de deuda en términos de PIB aumenta, se acerca al  máximo de endeudamiento. Es una luz roja. El endeudamiento del país estaría entrando a niveles de riesgo, y por eso las calificadoras han bajado de rango, porque es la capacidad que tiene el país para pagar esa deuda”, comentó el economista Sergio Santamaría.

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En los tres años previos (2015-2017) la deuda externa total de Nicaragua representó el 83% del PIB, y anualmente la economía crecía entre 3.7% y 5.1%, según cifras oficiales.

Alejando Aráuz, también economista, destaca que la deuda es preocupante, dada la caída de la actividad económica del país, cuyos efectos pueden prolongarse hasta 2019. “Es una deuda que está en aumento; por cada dólar de incremento de esa deuda no hay generación de recursos internos para poder hacerle frente a esos pagos”, afirmó.

Santamaría opina que “estos riesgos no son solo para el corto plazo, estaríamos comprometiendo el crecimiento del mediano y largo plazo...hay que rebajar ese nivel de endeudamiento. El país siempre va a requerir préstamos, hay que racionalizarlos en función del crecimiento y del gasto mismo”. 

“Al ir aumentando el coeficiente de deuda interna y externa, el margen de maniobra se irá estrechando, esto va a conducir después de un año o dos a que el Gobierno no tenga recursos para inversión que facilite un crecimiento rápido”, advirtió Aráuz.

Las recientes sanciones a funcionarios públicos nicaragüenses, mediante una disposición ejecutiva del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, más la posible aprobación de una ley el Congreso estadounidense para impedir la entrega de fondos internacionales a Nicaragua, podrían comprometer más la capacidad de endeudamiento del país.

“Después de las sanciones y los avances en el proyecto de ley (del Congreso de EE. UU.), el gobierno nicaragüense va a tener que hacer uso de recursos de otros sistemas donde la tasas de interés están creciendo, para poder respaldar los compromisos que tiene”, explicó Arauz. 

La baja en el financiamiento externo puede comprometer proyectos de inversión pública y afectaría la inversión privada. “Tiene implicaciones muy serias (la caída de la inversión pública); en primer lugar, es un aliado estratégico de la inversión privada y esto va a impactar al sector privado en sus inversiones futuras”, señaló el economista.

Tanto Aráuz como Santamaría señalan que si la deuda externa continua creciendo el Gobierno tendrá que ajustar sus gastos, y los más afectados en esas condiciones serán los proyectos de inversión pública. 

“La disciplina fiscal llevaría a recorte de gasto; al final implica un impacto en los servicios”, argumentó Santamaría.

Además, “el crecimiento de la deuda va a generar impacto en las áreas sociales”, opinó Aráuz.

El sector público 

De enero a octubre de 2018, la deuda pública externa totalizó US$5,838 millones, cifra que supera en US$292 millones el total de enero a diciembre de 2017, cuando alcanzó US$5,546 millones, según las estadísticas de octubre de Deuda Pública Externa del Banco Central de Nicaragua (BCN).

Estos pasivos públicos representan el 44% del PIB, pronosticado para este año en US$13,261 millones. Esta proporción, en términos de PIB, es la más alta en los últimos siete años, porque antes oscilaban entre el 43.7% y el 38.1% del PIB.

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Aráuz considera que si el promedio supera el 60% se volvería una situación complicada para el país, dado que la economía es frágil.

Las fuentes bilaterales aportaron hasta octubre de este año US$1,741.8 millones, 29.8% del total. Las cifras del BCN indican que el principal acreedor es el conjunto de países de Centroamérica con US$989.5 millones. 

“Si ya sube al 60% es una situación que se complica. En EE. UU. y Japón, a veces esta deuda es mayor que el PIB, pero su condición de países de inversión compensa todo eso. Nuestro país es de economía simple y frágil, incapaz de traer inversiones masivas como en el caso de Panamá, por ejemplo”, destacó.

Los principales acreedores internacionales del sector público son los organismos multilaterales, que representan más del 60% del total de flujos percibidos. De la deuda contraída hasta el cierre de octubre, unos US$4,056 millones (69.5%) corresponden a organizaciones como el Banco Interamericano de Desarrollo  (BID) o el Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), dos entidades que desembolsaron US$1,995 millones y US$984 millones, según cifras oficiales.

Las fuentes bilaterales aportaron hasta octubre de este año US$1,741.8 millones, 29.8% del total. Las cifras del BCN indican que el principal acreedor es el conjunto de países de Centroamérica con US$989.5 millones. 

El 0.7% restante (US$40.1 millones) son pasivos contraídos con la banca comercial en el exterior y proveedores.