• Nicaragua |
  • |
  • |
  • Edición Impresa

Las calificadoras de riesgo más reconocidas, Fitch Ratings, Standard & Poor’s (S&P) y Moody’s tenían 2 años de darle a Nicaragua calificaciones de B+ y B2 con perspectiva estable.

En las revisiones reafirmaban las calificaciones e incluso mejoraban sus perspectivas, resaltando que en este país había un ambiente de política macroeconómica estable y un modelo de diálogo y consenso entre el sector público y privado.

Negocios reabren en Granada, pero con poca afluencia de turistas

Sin embargo, a partir de junio de este año las calificadoras volvieron sus ojos a Nicaragua para reducir sus notas debido a la crisis sociopolítica que inició el 18 de abril.

Con los cambios en las calificaciones, este país se convierte en el segundo peor calificado en Centroamérica, junto a El Salvador. Incluso, Fitch Ratings le otorgó a Nicaragua un “B-” con perspectiva negativa a finales de noviembre y lo puso por debajo de El Salvador, con el que comparte la calificación de B, con la diferencia de la nación salvadoreña tiene una perspectiva estable desde junio de este año.

Los reportes de Fitch Ratings al segundo trimestre del año otorgan a Guatemala y Costa Rica calificaciones de “BB” con perspectiva estable y “BB-” con perspectiva negativa, respectivamente.

Deuda externa representa el 82.9% del PIB

La caída de la calificación a Nicaragua, de Fitch Ratings, se dio a conocer en noviembre y es su segunda degradación en el 2018, debido a una “contracción económica mayor de la estimada, un creciente déficit fiscal, una liquidez externa más débil y un mayor riesgo de restricciones financieras internas y externas”.

Que dos agencias hayan reducido dos veces sus puntajes en un mismo año, “hace disminuir el atractivo de invertir en Nicaragua”, dice el economista Sergio Santamaría.

Standard&Poor’s lo ha hecho tres veces en el 2018.

“Con el deterioro de las calificaciones de riesgo que engloban los aspectos económicos e institucionales, las oportunidades de inversión se restringen más; solo los capitales dispuestos a invertir con riesgo son los que pueden tomar la decisión de venir a un país que viene mostrando deterioro”, explica Santamaría.

Centroamérica

Moody’s ha emitido calificaciones para Nicaragua desde 1998, es la que tiene más tiempo de hacerlo. En septiembre de 2015 la calificación pasó de B3 a B2, ambas con perspectivas estables. En septiembre de 2017 la mencionada agencia elevó de estable a positiva la perspectiva, dadas las condiciones de la economía en ese momento.

Bajón en ingresos municipales en tercer trimestre 2018

En junio del 2018, aunque la calificación se mantuvo en B2, la perspectiva retrocedió nuevamente a estable, y desde entonces Moody’s no publica una actualización. En cambio, las calificaciones de El Salvador y Honduras fueron ratificadas a inicios de octubre en B3 y B1, respectivamente, ambos con perspectivas estables; y a inicios de diciembre, a Guatemala le otorgó Ba1 con perspectiva estable.

Costa Rica experimentó un descenso en su calificación de Ba2 con perspectiva negativa a B1 con perspectiva negativa. Las reducciones se explican porque la agencia estima que la reducción del déficit fiscal costarricense tomará tiempo, porque el impacto total de la reforma fiscal será hasta el 2022. En 2018, el déficit cerrará con 7% del PIB, según sus pronósticos.

“Moody’s estima que los esfuerzos continuos de consolidación fiscal de Costa Rica serán insuficientes para reducir de forma rápida su alto nivel de déficit fiscal, y como resultado, las métricas de la deuda continuarán aumentando en las próximos años”, explica un comunicado de prensa dado a conocer en su momento.

Tres bajas

Por su parte, S&P redujo el 9 de noviembre la calificación para Nicaragua a B- con perspectiva negativa. Esta revisión es la tercera que muestra una baja en el año; la primera fue el 8 de junio y la segunda el 23 de julio.

La reducción en la calificación de S&P para Nicaragua está fundamentada en la “erosión de la situación fiscal y financiera” del país, y por su “bajo PIB per cápita, vulnerable balanza de pagos y las rigideces de la política monetaria”.

“En todos los escenarios se ve un aumento de la pobreza”

La firma señala que las calificaciones están limitadas por los desafíos institucionales y que la situación restringe al Gobierno, para implementar políticas económicas que neutralicen los efectos adversos.

La agencia advierte que las calificaciones se continuarían deteriorando en el próximo año, si “el Gobierno no logra contener la pérdida de liquidez en dólares en la economía”.

El economista Santamaría dice que esta situación dependerá de la voluntad del Gobierno para resolver los problemas por la vía política, acciones que impactarían en las condiciones económicas.

“Mientras no estabilice la situación, la gente estará con incertidumbre. Nos va a tardar recuperar (la economía), para poder revertir una tendencia decreciente de la actividad económica. Estamos hablando de entre 7 y 8 semestres, más de 3 años. No hemos llegado a ese punto de inflexión que nos permita revertir la caída y para ese punto es necesario la parte política”, aseveró el economista.

Para el resto de Centroamérica, la agencia no ha mostrado una actualización. La última vez, Honduras y Costa Rica tenían BB- con perspectiva estable y negativa, respectivamente. El Salvador cuenta con la puntuación más baja, CCC+ con perspectiva positiva.

Crisis golpea a generadores de empleo

Santamaría dice que la región centroamericana ha experimentado este año episodios sociales adversos, como el caso de los migrantes en El Salvador, Honduras y Guatemala e incrementos en el déficit en Nicaragua y Costa Rica.

¿Qué significa?

En el caso de Nicaragua, calificado con B, Fitch Ratings señala que los países con esta puntuación “presentan elevado riesgo de incumplimiento significativo en relación a otros emisores u obligaciones en el mismo país”.

Aunque los compromisos financieros se están cumpliendo, subsiste un limitado margen de seguridad y la capacidad de pago oportuno continuo está condicionada a un entorno económico y de negocio favorable y estable.

De continuar bajando la calificación, la siguiente sería la CCC y esta indicaría que “el incumplimiento es una posibilidad real. La capacidad para cumplir con los compromisos financieros depende exclusivamente de condiciones económicas y de negocio favorables y estables”, estima Fitch Ratings.