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El expresidente del Banco Central nicaragüense estima que la reforma tributaria impactará negativamente en el flujo de caja de las empresas; y no descarta que afecte el  incentivo fiscal del 1.5%, que se estableció para favorecer al sector exportador.

¿Cuál es su opinión sobre la reforma fiscal?

Esta es una reforma tributaria típica con fines eminentemente recaudatorios y como toda reforma tributaria de carácter recaudatorio no nos gusta a los contribuyentes, ya sea de impuestos directos, como indirectos; aunque algunas de las medidas no sean realmente nuevos impuestos, sino medidas tendientes a mejorar el flujo de caja del gobierno, como por ejemplo los incrementos en las tasas de retención del impuesto sobre la renta, las mismas tendrán un impacto negativo en el flujo de caja de las empresas.

A su juicio, ¿cuáles eran las alternativas a esta reforma?

En primer lugar, como todos sabemos que esta crisis fiscal del gobierno es producto de la incertidumbre que hemos experimentado durante los últimos meses y la misma ha sido producto de una crisis política, la primera alternativa de solución era buscar una solución política a la situación que ha estado enfrentado el país.  

Pero para no agravar todavía más la situación, esta solución tiene que ser pacífica y, por lo tanto, negociada y para ello tenemos que aprender de los errores que cometimos en el diálogo que se planteó el año pasado y que en lugar de resolver la crisis, más bien la vino a agravar.  Yo soy optimista y creo que como país tendremos otra oportunidad, pero debemos asegurarnos de no cometer los mismos errores que cometimos en el pasado.  

Recordemos que una negociación no es una imposición, no es un ultimátum, es un acuerdo al que yo recurro para obtener algo que solo la otra parte me puede brindar, para obtenerlo yo tengo que brindarle algo que a ella le interesa.  Esa es la esencia de la negociación.

En segundo lugar, teníamos la alternativa de buscar recursos externos, para mientras resolvíamos el problema político, pero si ello no era posible, la siguiente opción era reducir, todavía más, el nivel del gasto público, especialmente el gasto corriente, aunque políticamente, lo más fácil es recortar el gasto de inversión, especialmente de proyectos que todavía no se han iniciado.

En tercer lugar, tenemos el incremento en la recaudación, que dada la situación que estamos enfrentando, no sería nada raro que la reforma, al final, no genere los recursos que se han estimado.

¿Qué  le preocupa más de esta reforma?

Lo que más preocupa, aunque el impacto tal vez no sea tan serio, es la reducción que se pueda dar en el incentivo fiscal del 1.5%, que establecimos en favor del sector exportador, cuando estábamos al frente del Banco Central.  Recordemos que el mercado doméstico nuestro es muy limitado y que por lo tanto, nuestro crecimiento debe ser un crecimiento hacia afuera, basado en el sector exportador. 

¿Cuál es su reflexión final?

Como expresidente del Banco Central no puedo dejar de preocuparme por la estabilidad monetaria del país y, por lo tanto, no puedo caer en el error de analizar esta reforma fiscal en el vacío.  Lo que  quiero decir y, a mi juicio, esto es muy importante, es que aunque la reforma no era como hemos visto, la mejor alternativa, la prefiero a un proceso inflacionario sin control, en el que el banco central empiece a financiar sin respaldo alguno, cualquier déficit que enfrente el sector público.  Al final, siempre es un problema de prioridades y estamos de acuerdo en que la solución de fondo pasa por un acuerdo político.