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La directora del Banco Mundial para América Central, la italiana Laura Frigenti, recomendó al presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, mantener el manejo sólido de la macroeconomía, al tiempo que afirmó que con Nicaragua, el Banco comparte el enfoque de Ortega sobre el combate a la pobreza rural y mejorar los servicios sociales.

A la par, Frigenti destacó que el país tiene pendientes reformas en cuanto a la “transparencia” en áreas de la administración pública, retrasadas por el cercano proceso electoral, señalando que la institución financiera internacional no espera que en 2011 se hagan, lo cual “es una lástima porque el país lo necesita”,
Frigenti hizo sus declaraciones a la agencia EFE en Panamá, donde afirmó que para 2010, el BM tendrá entre 800 y 1000 millones de dólares a disposición de la región, pero advirtió que Centroamérica necesita avanzar en la integración y competitividad tras superar la etapa más complicada de la crisis global.

A la par la funcionario señaló que el reto es revertir la grave situación de la economía de Honduras, insistiendo en que los líderes de Centroamérica comprenden que tienen que “diversificar su economía” para no sufrir por el estancamiento de Estados Unidos y reconoció que las seis naciones del istmo trabajan para superar a corto plazo el arrastre de la crisis.

Afecta lenta recuperación de EU
“La lenta recuperación de los Estados Unidos es algo que va a impactar y por eso yo creo que, particularmente los países más adelantados, Costa Rica y Panamá, están tomando medidas para diversificar la economía”, dijo.

Por otra parte, lo que está pasando en Honduras ahora “es un resultado de esos siete meses de falta de acceso a recursos internacionales en una coyuntura en que los países lo necesitaban más”, acotó Frigenti en alusión a la crisis que estalló en junio pasado, cuando los militares derrocaron al entonces presidente Manuel Zelaya.

“Nosotros estamos revisando las proyecciones de crecimiento en Centroamérica hacia arriba, con la excepción de Honduras, y lo mismo está pasando en el Fondo Monetario Internacional (FMI)”, explicó. Panamá estará a la cabeza en la región con 4,5%, pero todos van a tener números positivos este año, matizó.

Lobo tiene, adelantó, “en pocos meses que tomar decisiones que, desafortunadamente, son muy difíciles, sobre las leyes de salarios públicos, el recorte de salarios, la composición del gasto público y falta de transparencia en el manejo de recursos públicos”. En ese sentido, dijo, limitar los aumentos de salarios a los profesores es una situación “muy fuerte” porque “eran los que representaban a Zelaya”.

Frigenti sostuvo que están trabajando junto al FMI para entender totalmente el tamaño de la crisis económica en Honduras pero lo que sale de sus estudios es que el país “tiene problemas macroeconómicos muy fuertes” para 2010 y 2011.

El Salvador, que fue el más golpeado por la crisis, la funcionaria cree que tiene una situación política bastante polarizada que no permite la aprobación fácil de reformas económicas y estructurales en los sectores más críticos de la economía.

No obstante, consideró que el presidente, Mauricio Funes, hizo un trabajo “brillante” con la aprobación de la última reforma fiscal.

“Estamos manteniendo un diálogo muy fuerte con el Gobierno y la oposición, es un país que tiene recursos humanos increíbles y espero que salga muy rápido de la crisis. Además, tiene una clase empresarial muy abierta, dinámica, que no tiene un sentido feudal como se encuentra en otros países de Centroamérica”, reflexionó.

El gobernante guatemalteco, Álvaro Colom, enfrenta una situación “muy diferente y todavía no logra aprobar la reforma fiscal que en Guatemala es realmente urgente”, señaló Frigenti. La representante del Banco Mundial criticó el papel que está jugando la clase empresarial de ese país y consideró que, comparada con la de El Salvador, es “mucho menos abierta” y “menos constructiva en su diálogo con el Estado”.

“Eso es algo que me preocupa”, indicó tras asegurar que han conversado con los empresarios. El Gobierno guatemalteco presentó tres veces un plan de reforma fiscal que no es particularmente ambicioso, sino que “los llevaría a lograr la meta del acuerdo de paz (de 1996) de 12 por ciento de carga fiscal”.