•   OCOTAL, NUEVA SEGOVIA  |
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En lo que estrictamente corresponde a la actual Nueva Segovia, es en el municipio de Macuelizo donde aparecen los primeros cafetos del departamento. Según el censo cafetalero, citado anteriormente, los cafetos estaban en Mata de Plátano, con 2 manzanas, propiedad de Juan Vanegas; en una manzana en El Suyatal, de Apolonio Durán; 4 manzanas en Brujil, de Arcadio Castillo y Pedro González. Entre todos cosechaban solamente 9 quintales.

Es probable que de estos lugares se haya expandido la especie hacia las impenetrables montañas de Dipilto, en toda la subcuenca del río de su mismo nombre, entonces consideradas como tierras nacionales.

El finado Sotero Paguaga, que fue un vecino de Dipilto, en un testimonio entregado al Instituto de Promoción Humana, y recogido por este corresponsal, dijo que el lugareño Bernabé Zelaya fue el primero en sembrar café en la zona, en la actual comarca Las Manos.

“Eran tiempos en que una persona venía a denunciar (inscribir) ante las autoridades el encarrilado de una montaña, para que le dieran un papel de posesión. Querían la tierra para sembrar maíz, frijoles, papa, caña, pero así apareció el café, sembrado por don Bernabé”, relató.

Expectación Bográn, de 83 años, recuerda que en la época de su juventud, en los años 40 del siglo pasado, la caficultura no era lo más importante, sino el cultivo de la caña. “Uno caminaba hacia Ocotal, cerca del río, y se iba encontrando con trapiches y lo llamaban a uno para que comiera miel. El negocio era el dulce en panela que se llevaba a Ocotal y probablemente a León. Después, poco a poco se fueron haciendo los cafetales”, rememoró.

Al cultivo del café se agregaron familias de origen hondureño que se quedaron en esta parte del país, asilados por los conflictos internos de su país. Paguaga también mencionó en su testimonio a don Francisco Moncada, padre del reconocido galeno ocotaleano de su mismo nombre, como uno de los grandes impulsores de la caficultura en el municipio.

Y le siguieron otras familias de apellido Montesinos, Figueroa, Lovo, Guillén, Balladares, Rodríguez, Zavala, Gutiérrez, Paguaga, Alvir, Mantilla, Lagos, Duarte, Marín, Maldonado, Ponce, Bendaña, entre las más reconocidas que desarrollaron el rubro y que sus generaciones subsiguientes llevaron el grano a la cima de la calidad.

Don Joaquín Lovo, caficultor y ganadero de Ocotal, recuerda que para acceder a sus primeras 3 manzanas, que estableció en Las Manos, tenía que transitar por terreno fangoso, a pie o en mula, y pasaba por la propiedad de doña Sélfida de Zelaya, esposa de don Bernabé.

“Cuando me veía subir aquella cuesta no me dejaba pasar sin antes darme una taza de café. Entonces, yo arrancaba (plántulas) con todo y raíz de los cafetales del hermano de ella, que me lo regalaba, porque eran almácigos por el grano que se caía”, recordó. Y ésa era la forma rudimentaria de establecer el cultivo.

Varias familias ocotaleanas, antes de Dipilto, enfocaron la actividad cafetalera en San Juan de Río Coco, del departamento de Madriz. “Nadie se daba cuenta de que Dipilto era un tesoro para el cultivo”, expresó don Joaquín.

“Nosotros aprendimos a cultivar el café de los viejitos, de los primeros productores, por ejemplo, don Vicente Marín, don Tranquilino y Gerardo Maldonado nos dejaron el camino para que nosotros siguiéramos trabajando”, dijo María Amparo Castellanos, productora de El Volcán, Dipilto, y primer lugar de la Taza de la Excelencia 2009.