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  • AFP

La leche en polvo que Europa insiste en integrar en el Acuerdo de Asociación con Centroamérica y que podría dar al traste con casi tres años de negociaciones, se le ha atragantado a los países centroamericanos, que no entienden cómo Bruselas quiere imponerles en el último momento algo que ni los propios europeos estarían dispuestos a aceptar.

El más contundente ha sido el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, quien consideró que la postura de la Unión Europea (UE) no es más que un "disfraz" de las nuevas formas de "colonialismo". "Los europeos (...) nos plantean una forma de colonización, una relación que llaman Asociación para establecer una nueva forma de colonialismo", dijo Ortega tras el fracaso al término de 10 días de tratativas en Bruselas en la octava y última ronda negociadora prevista en el calendario.

La Nicaragua de Ortega ha sido la más reticente al acuerdo desde que Centroamérica y la UE empezaron a negociarlo en octubre de 2007.

En Costa Rica, el país que más interés tiene en que se concluya este acuerdo, no en vano responde por cerca del 70% del comercio centroamericano con la UE, por primera vez se siente el pesimismo. "Si se mantienen posiciones inflexibles claro que puede fracasar", advirtió el jefe negociador de Costa Rica, Roberto Echandi, desde Bruselas, "extrañado" de que la UE renuncie a un acuerdo por un "monto simbólico de leche en polvo".

Bruselas exige a Centroamérica abrir su mercado de 35 millones de habitantes para vender 4.500 toneladas de leche en polvo y suprimir los aranceles de este producto a corto plazo. Sólo Panamá, último incorporado al acuerdo e importador de este producto, estaría dispuesto a aceptar una cuota "simbólica".

"Las subvenciones internas que reciben (los productores de lácteos) en la UE lo hace un tema muy sensible", expresó Echandi, quien considera que el "impacto social y económico" de levantar la protección arancelaria "sería muy grande" en un sector que genera mucho empleo en la región, ya que la mayoría son pequeños productores.

Echandi se queja de que Centroamérica ha tenido que rebajar sus expectativas con productos como banano, azúcar, arroz, carne y ron, porque Europa los considera "sensibles". "Hemos sido muy realistas y hemos moderado nuestras expectativas, por eso no comprendemos por qué ese mismo razonamiento que Europa aplica a sus productos sensibles no lo puede aplicar a la realidad centroamericana", lamentó, tras recordar que Centroamérica ha abierto sus mercados, sobre todo, a los servicios en particular, telecomunicaciones, marítimos y financieros y a las compras del Estado.

Un acuerdo permitiría a Europa acceder a todos los países que tienen cuenca en el Pacífico, con excepción de Ecuador, o de permitirles regresar a una región de la que prácticamente ha estado ausente tras los conflictos armados de los años 80. "El costo de oportunidad de perder este acuerdo es mil veces mayor que cualquier concesión que vaya a dar en alguno de los productos que quedan", dijo Echandi, quien destacó que otros flecos pendientes son las denominaciones de origen y las reglas de origen en el caso de los textiles.

Tras las consultas internas al máximo nivel que los europeos tenían previsto realizar estos días, los centroamericanos esperan tener alguna "claridad sobre los próximos pasos a seguir" a partir del lunes, previo a la reunión que los ministros de Comercio del Istmo tendrán en Guatemala el 5 de mayo.

El canciller de El Salvador, Hugo Martínez, ha llegado a proponer otra ronda negociadora, aunque la mayoría es consciente de que a estas alturas solo la "voluntad política" puede hacer que el acuerdo sea firmado en la Cumbre de Madrid entre América Latina y la Unión Europea, el 18 de mayo, como estaba previsto.

Ante las presiones internas de sectores empresariales y sociedad civil en contra del acuerdo en los países centroamericanos, empezando por Nicaragua y Guatemala, los responsables políticos prefieren que no haya acuerdo a alcanzar uno que no se sitúe a tono con las expectativas de la región.