•  |
  •  |
  • END

La promesa de una exitosa cosecha de frijoles rojo en el norte de Chinandega se perdió debido a las intensas lluvias que inundaron los cultivos, según declaraciones de familias productoras de esas zonas, las que ni siquiera reportan existencia del grano para el autoconsumo y han encontrado una alternativa en otra variedad de esta legumbre: Caupí o Vigna Unguiculata.

“El cultivo de frijoles rojos se perdió totalmente. A punto de cosecharlo, ni siquiera sacamos para el autoconsumo. El alazín que sembramos nos está salvando porque es lo que cocinamos diario para suplir la necesidad de nuestras familias”, dijo Domingo Moreno Pérez, de la comunidad El Polvón, Cinco Pinos.

Moreno Pérez compartió opinión con las familias de ese municipio y otras de Santo Tomás, de San Pedro y de San Francisco, durante una reunión sostenida con ejecutivos de la Cuenta Reto del Milenio, CRM, donde todos coincidieron en descartar los quintales que se estaban esperando para la próxima cosecha.

“La dieta de muchos nicaragüenses ha cambiado, la pérdida de la cosecha del frijoles rojos de primera, y el incremento del precio en más del ciento por ciento, lo convirtió en un producto inalcanzable para el bolsillo de las familias más pobres”, destaca la CRM en su informe de dicha actividad.

Ellos explican que esos productores ni siquiera tienen los frijoles que dejan en sus hogares para el autoconsumo y mucho menos como semilla, “han tenido que buscar una alternativa para suplir la falta de este grano que representa el plato principal del día y el complemento inseparable del arroz, en la elaboración del gallopinto”.

El frijol Caupí o Alazín, conocido científicamente como Vigna Unguiculata, es la variedad que está supliendo las necesidades de estas familias y ahora “utilizan el trueque para subsistir”, informa la CRM.

El caupí es resistente al agua y tolerante a la sequía. Fue validado en Nicaragua hace 30 años por el Instituto Nicaragüense de Tecnología Agropecuaria (INTA), y la ventaja con relación a los frijoles rojos, es que en 60 días ofrece la primera cosecha, puede florar hasta cuatro meses consecutivos.

“Los que sembramos alazín (caupí) lo cambiamos por huevos o leche con otros productores o bien lo regalamos”, expresó Moreno, quien es miembro de la Cooperativa Multisectorial de los Cuatro Santos (Comucsa), la cual sostiene una alianza con la CRM para el mejoramiento tecnológico y de comercialización de los frijoles rojos.

 María Auxiliadora Rivera Betancourt, es una de las tantas madres de familia que ha tenido que explorar en el cultivo de esta nueva variedad para responder a las necesidades.

“Me voy a la huerta, corto las varitas que están en camagua como le decimos cuando están en vaina verdes. Las pico y las pongo a cocer, a veces las sirvo solas, otro día las frío o las revuelvo con huevo, en arroz para que rindan y así tengo que variar para que no se aburran, sobre todo los niños”, indicó.

Rivera explica que cuando la vaina se seca, extraen la semilla sólida igual que a los frijoles rojos, cuecen la vaina y consumen los frijoles fritos. “Antes cocía al menos dos libras de frijoles rojos cada dos días para cinco personas que habitan en la casa, pero ahora tengo que cocer frijol caupí y con suerte pongo una libra del rojo a la semana cuando se consigue con algún vecino”, señaló.