Jorge Eduardo Arellano
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Por un mejor manejo de aguas

Procurar un mejor manejo de las aguas supone sustituir concepciones y prácticas de la población. Pero esta transformación es una operación gigantesca. Es incluso crear nuevas tradiciones.

¿Cómo lograr que el agua sea más valorada? La respuesta clásica es dándole más valor. Debido a que la oferta natural de agua supera por muchas veces su demanda, al menos en Nicaragua esto se vuelve una misión casi imposible, de no ser por los puntos críticos y su poder ejemplificante.

El beneficio inmediato se impone a la sostenibilidad. Por ejemplo, el río Gil González, en el municipio de Belén, fue prácticamente secado por el uso de motobombas para el riego agrícola. De secarse el río, ¿cómo sostendrían el riego? ¿Puede el dueño de una propiedad cruzada por un río desprenderse del río?
El ingenio en Nandaime tiraba todas las aguas servidas al río Ochomogo, envenenando peces, haciendo abortar a las reses y provocando enfermedades de la piel a quienes se bañaban río abajo.

El Concejo Municipal se abstuvo de actuar por la cantidad de empleos que el ingenio generaba, pero cuando cerró, la vida siguió para toda la población. ¿Valió la pena sufrir este proceso de contaminación si tantos años después los peces que eran una fuente de alimento no han vuelto a existir al igual que otras especies?
Otro ejemplo son los casos donde el desconocimiento se ha impuesto como en occidente, donde debido a las buenas tierras de vocación agrícola fueron eliminados árboles maderables, frutales, entre otros, debido a que no generan productos ni dinero tan rápido como la agricultura.

Aunque en muchos casos se conservan los árboles en la vega de los ríos y quebradas, esto es sólo una pequeña parte de la solución, porque éstos lo que hacen es evitar que el agua se evapore más rápido, pero no contribuyen a captar más agua.

Para captar agua debe haber foresta en las partes medias y altas de las cuencas, lo que además contribuirá a que con las lluvias las escorrentías no sean tan grandes, causando desastres hasta por las más pequeñas lluvias.

Una experiencia en Bolivia de pagos por servicios ambientales demuestra que los residentes de una comunidad acordaron entre ellos que los de las partes altas debían mantener su mayor área en bosques. Debido a que esto daba seguridad y beneficios a los de las partes bajas, se convino ofrecer a los de la parte alta una retribución monetaria o en productos de la cosecha que obtenían. Y otra experiencia similar se ha venido gestando en Antigua Guatemala.


Carlos Javier López y Marcia Estrada
Consultores en Desarrollo Rural
marciaestrada@yahoo.com