Ervin Sánchez
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“Querer es poder”, reza un dicho popular, y un grupo numeroso de mujeres, organizadas en cooperativas, están demostrando que ese refrán es cierto y que hay que tomar una decisión en el momento justo y lanzarse a conquistar una meta, salir de la gran pobreza en que estaban sumidas.

Esa decisión fue tomada en el caso de la Cooperativa de Mujeres Nueva Vida y de la Cooperativa de Servicios Múltiples de Mujeres para el Desarrollo de Nueva Segovia, en su momento, cuando providencialmente apareció la ayuda, y no la desperdiciaron.

Al respecto, Julia Yadira Vallejos y Zulema Mena Garay cuentan que el huracán Mitch, en 1998, las sacó de su modo de vida en las costas del lago Xolotlán. Una tragedia se pudo convertir en una oportunidad, y eso fue lo que representó el huracán Mitch para aquellas mujeres que de repente se vieron transportadas a la zona de Nueva Vida, cerca de Ciudad Sandino.

De pronto nos vimos desempleadas, sin techo, pero había que sobrevivir, señala Julia Yadira, y esa alternativa llegó con el organismo no gubernamental Jubilee House y Comunitat, que “nos impulsó a organizarnos, pero en ese momento no sabíamos qué íbamos a hacer, sólo que había que salir adelante”.

Empujadas de repente, 50 mujeres se organizaron para buscar en qué trabajar. Los cooperantes les ayudaron a formular un proyecto de una pequeña fábrica de ropa, al tiempo que les hicieron una investigación de mercado para ver si era rentable esa iniciativa.

El estudio reveló algunos nichos de mercado en el exterior del país. “Podríamos trabajar para ayudar a mantener nuestras familias y podríamos ayudar a la comunidad”, consideraron aquellas féminas, quienes hasta ese momento conocieron un concepto, como es de las “prendas de vestir orgánicas”.

Las dirigentes cooperadas afirman que las telas orgánicas para confeccionar prendas de vestir las encontraron en California, Perú y China, entre otros sitios, y la diferencia está en que esa tela es hecha con base en fibras naturales, obtenidas de plantas cultivadas sin usar pesticidas ni abonos químicos, por ejemplo, están hechas de algodón orgánico.

El proyecto nació con ayuda de 65 mil dólares de parte de los organismos cooperantes.


Mujeres segovianas también se lanzaron al ruedo
Esta cooperativa que ahora tiene 12 socias y 40 empleados hizo su primer envío de 14 mil prendas ya hace algunos años, y ahora confeccionan aproximadamente unas 250 mil unidades al año, o sea, unas 500 mil dólares durante el año 2007, pero actualmente están trabajando en un plan estratégico para mejorar su crecimiento productivo.

Por otra parte, la Cooperativa de Servicios Múltiples de Mujeres para el Desarrollo de Nueva Segovia está también en el mismo trance del crecimiento y se alió con la cooperativa de Mujeres Nueva Vida para organizar mejor el futuro y hacer frente a la demanda de prendas de vestir del mercado externo.

Este fuerte grupo de mujeres ahora está teniendo contactos con empresas alemanas, cuyo mercado tiene requerimientos distintos, por lo que Ana Delia Saballos, de la cooperativa neosegoviana, dice que las 20 socias, fundadoras de la organización, decidieron aportar al desarrollo de su departamento en distintos sectores de la economía, entre ellos el de la confección y además el de artesanías y alimentos.