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La visita del secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, la semana pasada, constituyó un hito en el proceso de diálogo entre esa organización y el gobierno de Nicaragua, iniciado el 15 de octubre de este año.

Fueron dos días intensos de encuentros, en los que Luis Almagro y la delegación de la OEA pudieron dialogar y recoger los puntos de vista de representantes del sector privado, líderes religiosos, partidos políticos, sociedad civil y hasta de movimientos campesinos, de cómo mejorar las instituciones democráticas del país. 

A pesar de que previo a la visita algunas demostraciones opositoras en el interior del país resultaron lamentablemente con heridos tanto del lado de los manifestantes como de la Policía Nacional, también se dio, el mismo día de la llegada de Almagro, una marcha en la capital, que se realizó de manera pacífica y sin mayores contratiempos. No obstante, la visita de Almagro culminó con un importante hecho: la invitación que hizo el presidente Daniel Ortega a la OEA para que acompañe todo el proceso de las elecciones municipales de 2017.

Este proceso de acompañamiento, que por su descripción inicial es presumiblemente más profundo que el de una mera observación, constituye el primer paso para un mejor futuro democrático de Nicaragua y esperamos que sea solamente un primer paso, en el marco de un acuerdo más amplio y constructivo para mejorar los procesos electorales, la institucionalidad y el estado de derecho.

Según el compromiso de diálogo, firmado en octubre pasado, el gobierno de Nicaragua y la OEA podrían presentar un informe conjunto a mediados de enero de 2017. Desde el inicio, ambas partes se comprometieron a apoyar el fortalecimiento de las instituciones democráticas de este país, conforme a los compromisos del Estado de Nicaragua con los instrumentos normativos del Sistema Interamericano y su ordenamiento jurídico interno.

Almagro fue claro al decir en Managua que es importante ajustar algunos temas relacionados con el funcionamiento del sistema político de Nicaragua, manifestando la esperanza de que mejore la confianza recíproca entre las autoridades nicaragüenses, la OEA, los empresarios, los partidos políticos, los líderes religiosos y la sociedad civil.

Consideramos que el diálogo con la OEA es sumamente importante para Nicaragua, porque hasta ahora se perfila como la principal iniciativa al alcance de los nicaragüenses, que pudiera permitir, de forma pacífica y constructiva, poner sobre la mesa de discusión nacional las principales inquietudes, dudas, críticas y propuestas de los diferentes sectores, de cómo deberían ser los procesos electorales en Nicaragua y de las garantías que necesitan los ciudadanos para participar en ellos, de manera que sus resultados sean aceptados sin temores ni desconfianza.

Si en enero el gobierno nicaragüense y la OEA logran un acuerdo, para el fortalecimiento democrático, el país podría entrar en una etapa de estabilidad política que sin duda potenciaría el buen desempeño económico de su economía, la que ha venido creciendo de forma sostenida pero que también requiere de la transparencia y la credibilidad de las instituciones públicas, para atraer más inversión y desarrollo.