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Centroamérica tendrá menos presión por la migración de cubanos, ahora que estos perdieron el privilegio de ser protegidos por las autoridades de Estados Unidos con solo pisar el territorio de esa nación.

La decisión del presidente Barack Obama, de anular la política de "pies secos, pies mojados", es para las naciones centroamericanas una oportunidad de armonizar sus relaciones fronterizas intrarregionales, alteradas en 2015 por una avalancha de cubanos indocumentados que entraron por Panamá con la intención de recorrer el istmo de manera ilegal hasta alcanzar la frontera norte de México y cruzar a Estados Unidos, temiendo que en cualquier momento Washington les cortara esa preferencia, como sucedió este 12 de enero.

En la región centroamericana quedan centenares de cubanos varados, sobre todo en Panamá y Costa Rica, quienes tendrán la opción de volver a la isla o intentar conseguir refugio en cualquier nación latinoamericana que desee acogerles, algo que compete a decisiones soberanas de cada país.

Hasta la semana pasada, los cubanos inconformes con el régimen de su país tenían al menos tres opciones: callar, reclamar o escapar. La última fue la preferida por décadas y causó una crisis a principios de los años 90, la de los balseros, motivo para que en 1995 Estados Unidos estableciera la política de los "pies secos, pies mojados", una incitación a la emigración ilegal de cubanos hacia Norteamérica; quien lograba tocar tierra aquí recibía protección estatal, y a quien atrapaban en el mar lo devolvían a Cuba.

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Por eso, miles arriesgaron sus vidas en balsas en el estrecho de Florida y miles también murieron en el afán de alcanzar la tierra estadounidense, seguros de que si lo conseguían tendrían una vida mejor. A diferencia de los migrantes del resto de Latinoamérica, quienes igual buscaban el “sueño americano”, los cubanos indocumentados gozaron de una gran ventaja: el amparo de los gobiernos de Estados Unidos, por una política derivada de la guerra fría.

Era de esperar, sin embargo, que tras la reconciliación de los gobiernos de Estados Unidos y Cuba en 2014, el fin de una enemistad de medio siglo, en cualquier momento cambiaría la política migratoria producto de las negociaciones políticas entre ambas naciones.

Aunque todavía es temprano para prever todos los efectos o consecuencias de la última medida de Obama, el retorno de miles de cubanos a la isla y el que miles más, deseosos de salir de allí, se queden, podrían convertirse en factores de nuevas presiones internas al gobierno de Cuba, en busca de un cambio del sistema político y económico. Si decenas de miles de cubanos han salido de la isla durante décadas, para buscar oportunidades laborales y una vida en democracia, ideal sería que esas aspiraciones las puedan realizar pronto en su tierra natal.

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