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Es un error creer que Uber es competencia del taxi. Se trata de una tecnología que conecta a usuarios con conductores, de previo seleccionados para ofrecer un servicio confiable, con una tarifa tal vez más cara que la del taxi común y en horarios cuando es más difícil acceder al transporte público.

Contrario a lo que algunos creen, Uber terminará favoreciendo al negocio de taxis en Nicaragua, si la plataforma tecnológica logra establecerse en el país. Aunque a los taxistas les parezca hoy un problema, en la realidad será una oportunidad para que transformen su servicio con posibilidades de ganar más y en mejores condiciones.

Los usuarios, quienes deciden cuál servicio prefieren, valoran la eficiencia, la calidad y la seguridad del medio en que se transportan, aunque suelen verse obligados a aceptar condiciones inferiores a las deseadas, por carecer de opciones. Entre los taxistas se observa una resistencia a mejorar el servicio, quizás por considerarse un gremio monopólico, intocable, pero se van quedando solo con pasajeros sin una alternativa mejor, perdiendo clientes en vez de aumentarlos. Les contratan por necesidad, no por calidad.

Los taxistas, en vez de oponerse a la llegada de Uber y presionar al Gobierno para que vete su entrada, deberían analizar qué futuro tiene su negocio, qué desafíos les plantean los cambios tecnológicos, a qué tipo de clientes aspirar y qué nuevo ofrecer en cuanto a seguridad, confiabilidad y accesibilidad.

¿Habrán analizado, por ejemplo, cuántas personas dejan de usar taxi para ir a pagar el servicio de luz o agua, porque ahora lo cancelan por internet o teléfono? ¿O cuántas se ahorran ese gasto en transporte para ir a un banco, porque ya hacen pagos y transferencias vía electrónica desde sus casas u oficinas? Es la tecnología, facilitando transacciones y servicios, sin necesidad de movilizarse.

Es probable que el servicio de transporte selectivo se vuelva más necesario en la noche y en algunas horas del día, con otras exigencias por una nueva segmentación en términos de población y horarios.

Una persona en una reunión, en un restaurante o en una fiesta durante la noche, preferirá que el transporte le busque en la puerta del local, para evitarse caminar hasta la calle más cercana a esperar un taxi, con los riesgos que implica estar allí. Y si el servicio contratado le brinda la confianza y la seguridad necesaria, mejor.

Un gráfico sobre las operaciones de Uber en México muestra cómo la demanda del servicio empieza a crecer a las 6 de la tarde, alcanza un pico alto a medianoche y desciende conforme se acerca el amanecer.

Dos factores han diferenciado a Uber, la seguridad para los usuarios y la oportunidad laboral para personas que desean elegir sus horarios y ser sus propios jefes. Quien pide el servicio puede saber, por su teléfono celular, quién es el conductor, cómo es el auto y la placa, por donde viene y por donde va, una información que además puede compartir en directo con familiares.

Sin duda, la presión a los taxistas para que modifiquen su forma de operar viene de la población que igual cambia sus hábitos en tanto adquiere tecnologías para facilitar sus actividades cotidianas. Es esa dinámica, no la aplicación de Uber, la que ha puesto en crisis el negocio de taxis; y de su eficiencia, no de sus promesas, dependerá cuánta clientela conserve y sume.

Para Nicaragua, contar con Uber sería un factor más de competitividad internacional, porque este servicio ofrece garantías y ventajas a turistas y otros visitantes extranjeros que desean trasladarse con seguridad y comodidad desde que arriban a Managua, como hacen en otros países. Quien sea más eficiente, que le desplace.