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En El Nuevo Diario estamos haciendo énfasis en historias de éxito de nicaragüenses, dentro y fuera del país, porque creemos en la capacidad individual de los ciudadanos para trascender en actividades que les apasionan y a la vez les permiten ser ejemplo para otras personas que, por instinto natural, igual desean triunfar y quizás desconocen cuánta dedicación y disciplina se requiere para realizar sueños.

Soñar en grande es bueno, lo malo es creer que las metas altas se alcanzan con facilidad. El éxito es algo subjetivo y está vinculado con lo que cada quien aprecia más en la vida o lo que más le gustaría hacer, ya sea en el arte, el deporte o cualquier profesión u oficio; pero, alcanzarlo depende mucho de actitudes, principios, valores y, sobre todo, del compromiso con uno mismo.

En las ediciones de los últimos tres lunes, incluyendo la de hoy, publicamos las historias de dos médicos que se han destacado en Estados Unidos, Humberto Rivas y Fernando Ocón, y de un joven estudiante que se ha propuesto llegar a ser un futbolista profesional, Andrés Vega.

Son historias diferentes pero con denominadores comunes: mucho estudio, sacrificios económicos, trabajo duro, práctica intensiva y una búsqueda constante de oportunidades. De sus experiencias podemos deducir que todo lo que han logrado se ha debido, en gran medida, a que ellos se esmeraron en ver oportunidades antes que problemas.

Aunque toda persona es interdependiente, porque nadie puede aislarse de la sociedad y progresar tanto, la persecución de metas es un proceso bastante individual en que la insistencia de la persona va marcando la diferencia.

Pueden haber muchas recetas de cómo triunfar en la vida, pero son la convicción, la disposición y la entereza de las personas las que conducen a cada quien a su éxito.

Algo muy importante es la preparación. Cuanta más educación tiene una persona, más elevadas serán sus metas y más posibilidades tendrá de conseguirlas, si vincula su formación a las actitudes mencionadas.

En este ámbito las políticas públicas son claves, comenzando por la calidad de la educación desde los primeros niveles y la garantía de que todos los ciudadanos tengan oportunidades iguales para desarrollar sus potenciales. Por ejemplo, que cada comunidad tenga una escuela adecuada y que los aspirantes a becas en la educación superior y de posgrado sean seleccionados por sus calificaciones académicas, sin ninguna interferencia de razones políticas u otras ajenas al fin educativo. Igual en el acceso al empleo o la realización de proyectos e innovaciones.

Un país que busca desarrollo necesita propulsar a sus habitantes a ser exitosos y propiciar el optimismo a través del ejemplo de quienes creen en lo que hacen y han logrado mejorar sus vidas y las de su entorno, porque el progreso de la gente crea sinergia. Por eso contamos historias de nicaragüenses que, fuera del país y en circunstancias adversas o muy competitivas, aprovecharon al máximo su potencial para diferenciarse y destacar.

Como toda persona tiene un potencial, a veces desconocido por sí misma, esos ejemplos nos inducen a reflexionar sobre todo lo que se puede lograr si uno se reta a triunfar, aquí y en cualquier lugar. El Nuevo Diario invita a sus lectores a conocer cada semana historias de nicaragüenses que han desafiado cualquier adversidad hasta alcanzar las metas.