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Tres hechos de la última semana son indicios de lo que podría ser una variante en las relaciones exteriores de Nicaragua: El restablecimiento de las relaciones diplomáticas con Israel, suspendidas hace más de seis años; la visita a Managua de un enviado del presidente de Francia, interesado en el turismo y la energía; y el arribo de una misión de Finlandia en busca de acuerdos en la educación y el comercio.

El restablecimiento de relaciones diplomáticas con Israel fue bien recibido por el sector empresarial del país, porque podría alentar nuevas inversiones provenientes de esa nación. Después de todo, hasta 2010, cuando el gobierno nicaragüense decidió cortar esa relación, Jerusalén cooperaba con Nicaragua en la agricultura, la salud y la educación. Además, las empresas israelíes que han operado en Centroamérica se caracterizan por sus tecnologías avanzadas, lo cual ha sido una externalidad positiva en la trasferencia de conocimiento en el pasado.

Por su parte, la visita del delegado presidencial de Francia a Nicaragua podría reducir lo que en algún momento se percibió como un alejamiento de la cooperación de países europeos, y podría constituir una renovación y ampliación de los lazos económicos con esos países cuya cooperación ha sido tan relevante. Que el presidente de Francia François Hollande, haya enviado a Nicaragua a un representante, Jean-Pierre Bel, para analizar con las máximas autoridades temas de turismo y energía renovable, indica un nuevo interés por este país centroamericano.

Bel dijo con claridad que Francia está lista para expandir su vínculo con Nicaragua, dada la intención de este país de abrirse al mundo y por las oportunidades que ofrece. Habló de más cooperación en educación y de potenciales inversiones de empresas francesas en energía renovable.

Al mismo tiempo estaba en Nicaragua una delegación de Finlandia, interesada en dar aportes a la educación nicaragüense y en concretar acuerdos de intercambio comercial. La dirigía Eija Rotinen, encargada de las relaciones con las Américas y Asia. Llama la atención esta visita porque a finales de 2013, Finlandia cerró su embajada en Managua por “cambios en las prioridades del programa de cooperación para el desarrollo”, según el comunicado emitido entonces por la misión diplomática.

Finlandia, quien este año celebra el centenario de su independencia, es una de las naciones más prósperas del mundo, cuya economía pasó de agraria a modelo de innovación y tecnología, cuna de Nokia, la empresa de telefonía móvil que en un tiempo predominó en los mercados. La base del éxito de este país ha sido la educación básica de alta calidad, un sistema elogiado a nivel mundial.

Aunque ninguna autoridad haya explicado que estas acciones se tratan de una nueva política exterior o de acciones concertadas y ligadas entre sí, creemos que la nación nicaragüense ha entrado en una etapa de crecimiento y estabilidad económica y seguridad ciudadana, que en el contexto centroamericano puede ser atractiva para las inversiones y el comercio con países de otros continentes, que además valoran los recursos naturales en una época cuando cobra fuerza el turismo equitativo, como precisó Bel, el consumo de productos orgánicos y la generación de energías limpias.

Podríamos deducir que en el ámbito internacional se está valorando más a Nicaragua por sus riquezas culturales y naturales, sus potenciales económicos, sus empresas y sus recursos humanos, creativos y productivos. De ser así, las nuevas relaciones con el mundo tendrían una base más realista y más vinculada a los intereses de la población que desea progreso sostenido.