•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) que se encuentra en Managua llevará a cabo una revisión general de la economía y sus proyecciones para los próximos años, al igual que los grandes riesgos que podrían afectar su desempeño más allá de esas proyecciones.

La organización multilateral ha mencionado que la economía tiene un buen desempeño sustentado mayoritariamente en los flujos de inversión privada, pero también ha externado como preocupaciones o riesgos, el impacto negativo que podría tener la Nica Act sobre la inversión privada, un proyecto de ley introducido en el Congreso y en el Senado de Estados Unidos, con el propósito de cortarle fondos a Nicaragua provenientes de organismos financieros internacionales; la reducción de los flujos procedentes de Venezuela, que sin duda han ayudado a impulsar el consumo interno, y que se han reducido de US$600 millones en 2015 a US$100 millones en 2016, y que se encuentran quizás en su momento de mayor riesgo debido a la gran incertidumbre económica y política que vive hoy ese país; y, por último, pero a nuestro juicio lo más importante, el creciente déficit del Instituto Nicaragüense de Seguridad Social (INSS).

Si bien el problema de viabilidad financiera del INSS es parte de un problema común en muchos países por la dinámica demográfica, agravado en Nicaragua por las cargas extraordinarias impuestas por décadas sobre la institución, ya se vienen mostrando los síntomas de esas acciones: Un déficit creciente, que en los últimos cuatro años pasó de C$192.3 millones a C$1,579.3 millones, y que hoy equivale al 21.12% del déficit total del sector público no financiero.

El FMI le ha recomendado al Gobierno, en las distintas administraciones (Chamorro, Alemán, Bolaños, Ortega), una reforma estructural que ayude a evitar que los déficits que se generarían tengan un impacto negativo en la economía. Sin embargo, todas las administraciones han pasado, como se dice, la pelota para adelante, para ver si las medidas que se tienen que tomar, que son altamente impopulares, las haga el siguiente Gobierno.

El caso es que los déficits recientes y su aumento año con año, requieren de una profunda reforma que ya no puede ser subsanada con un simple aumento en la cuota patronal, la cual fue aumentada en años recientes con el fin de mitigar esos desfases.

Aún falta estipular las propuestas para solventar el problema del INSS, y ya el sector privado ha señalado, a través del Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep), que debe pensarse en una reforma integral, pues el problema no puede continuar resolviéndose a través del aumento de las contribuciones patronales, que además de ser inviable, repercutiría en la inversión privada y en la creación de empleos.

El Banco Central señala como los riesgos externos más importantes, la posibilidad de que el petróleo llegue arriba de US$60 por barril o que caigan los precios de las materias primas, los cuales son muy relevantes sobre todo en el corto plazo, pero nos parece que el mayor riesgo es el déficit del INSS, porque no solucionarlo nos quitará los grados de libertad en las políticas públicas, que serían necesarios si cualquiera de los otros riesgos mencionados llegarán a materializarse.