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Según la última encuesta de medición del consumo que hace el Gobierno, la pobreza se redujo, entre los años 2014 y 2016, de 29.6% de la población  a 24.9%. Sin embargo, es importante tener presente que la pobreza no solo depende del consumo, sino que es una condición derivada de varios factores que conforman el bienestar.

Si la línea de la pobreza general la determina un consumo per cápita equivalente a C$50 por día, el hecho de vivir con C$60 o C$70 por día significa en términos técnicos que una persona ha dejado de vivir en la pobreza, aunque continúa en condiciones vulnerables y es propensa a volver a caer en el ámbito de la pobreza.

La encuesta oficial, con estimaciones a nivel nacional, fija el valor de la línea de pobreza general en un consumo anual, por persona, de C$18,310.99, y en base a ese rango determina que el 75.1% de los nicaragüenses son “no pobres”.

Para entender mejor el fenómeno de la pobreza, consideramos importante identificar qué porcentaje de la población de Nicaragua, ya por encima del umbral que define al segmento pobre, es aún vulnerable y tiene riesgos de volver a ser pobre, ya sea porque está en un empleo informal, carece de oportunidades para tecnificarse o su acceso a la salud es limitado y puede perder capacidades productivas muy fácilmente.

Analizar la pobreza en sus diferentes dimensiones, como ha sugerido la Comisión Económica para América Latina (Cepal), podría darnos una visión más cercana a la realidad nicaragüense y permitiría enfocar mejor el problema de la vulnerabilidad. En abril, la Cepal afirmó que la pobreza se redujo en Nicaragua entre el 2001 y el 2009, y después ha seguido bajando por efectos de un mayor acceso a energía, agua potable y sistemas de saneamiento.

El valor del gasto por persona nos da una idea de la distribución y la desigualdad del consumo, pero falta conocer cuáles necesidades básicas puede satisfacer y en qué medida, para entender si el cambio de su condición socioeconómica será sostenido.

La mejor vía para reducir la pobreza y el riesgo de volver a ella es el crecimiento económico constante, la expansión y formalización del sector empresarial privado, la generación de empleos de calidad, acceso a buena atención en salud y a educación técnica y superior vinculada a los requerimientos de los sectores productivos del país. Una persona con los conocimientos adecuados, sea obrero, técnico o profesional, en un empleo rentable, no solo saldrá de la pobreza sino que se alejará lo suficiente de ella, como para reducir la probabilidad de reincidir en la misma.