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El incremento de los femicidios (39 mujeres víctimas este año en Nicaragua) y la saña con que han sido asesinadas la mayoría, tal es el caso de Karla Estrada a quien le asestaron 59 puñaladas y la decapitaron, exige con urgencia una revisión de las políticas y modelos educativos, en la escuela y en la familia, para que la sociedad en general comprenda las causas de la violencia de género y contribuya a desterrar conceptos o creencias que propician una cadena de agresiones con consecuencias mortales.

El femicidio es la culminación de una cadena de acciones violentas contra una mujer, cometidos por un hombre que se considera dueño del cuerpo y la vida de la mujer, consecuencia de una cultura adquirida desde la niñez en el hogar, la comunidad o la escuela.

En casos recientes de femicidio en Nicaragua, los victimarios han confesado que las mataron porque se negaban a volver con ellos. Eso demuestra cómo la creencia de muchos hombres, de que ellos deciden sobre la vida de una mujer, puede generar una secuencia de agresiones hasta terminar matándola.

Frente a este drama nacional, las leyes son importantes para calificar el tipo de crimen y aplicar los castigos conforme a la gravedad, pero si se trata de atacar las raíces del problema, las instituciones tienen que enfocarse en la educación en los ámbitos públicos y privados. El Estado debe dar protección a las víctimas y garantizar que se haga justicia, porque en ocasiones, las autoridades han desatendido denuncias que pudieron haber evitado femicidios posteriores, como sucedió en el caso de Karla Estrada.

Para que la sociedad empiece a identificar la violencia de género y actúe contra ella, habrá que enseñar a los niños por qué esta es una expresión extrema de la desigualdad, en tanto niega derechos elementales de las mujeres y además se les agrede.

Es importante aclarar que se trata de algo más que “violencia doméstica”, porque las agresiones también ocurren fuera del hogar, en la calle, en el autobús y en los centros de trabajo, con diferentes dimensiones y en muchos casos sin ser denunciadas.

En El Nuevo Diario tratamos de manejar con responsabilidad la información sobre violencia de género, porque estamos convencidos de que un medio de comunicación debe evitar la reproducción de estereotipos, prejuicios y concepciones discriminativas hacia la mujer. Es necesario, si queremos aportar a la educación y reeducación de la población, mostrar las raíces estructurales de la violencia para que un femicidio no sea visto como un asesinato circunstancial, cuando en realidad es la culminación de una serie de actos violentos.

Sería grave que esta violencia sea vista como normal, así como algunos consideran normal negar a las mujeres, derechos, libertad, respeto y capacidad de decisión. Este problema social requiere mayor atención, urge una campaña educativa firme y clara contra la violencia machista, en todos los estratos sociales.