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Ha causado estupor el relato sobre la forma atroz con que fue asesinada Karla Estrada Rostrán, por su expareja Francisco Mercado. Los ciudadanos se preguntarán cómo debería ser castigado este femicida, ya que ante tanta barbarie una condena de 30 años de cárcel parece muy poca.

La Ley en Nicaragua permite aplicar un máximo de 30 años de prisión por los crímenes más graves, y si se trata de un femicidio, no más de 25 años, según la última reforma aprobada por el parlamento, en la que le aumentaron cinco años de cárcel a la máxima pena por este tipo de asesinato.

De los 39 femicidios registrados este año en el país, algunos han sido cometidos con mucha saña. En el norte, una mujer embarazada fue asesinada a machetazos por un hombre que irrumpió en su casa con ese propósito; y a Karla Estrada la encontraron decapitada en un predio baldío en Managua. Francisco Mercado, el asesino, confesó con frialdad cómo la apuñaló decenas de veces en la espalda, el abdomen, el pecho y los brazos, y ya muerta le cortó la cabeza con once cuchilladas.

Si esto hubiera ocurrido en Singapur, Mercado sería condenado a muerte, porque en esa nación asiática aplican esa pena capital hasta por crímenes menores, como poseer o traficar drogas, considerado allí un delito que atenta contra la integridad de la juventud. El año pasado, ejecutaron en Singapur a un hombre que asesinó a un obrero de la construcción para robarle.

Descartamos la posibilidad de que algún día Nicaragua llegue a establecer la pena de muerte, por la tradición del país y porque organismos de influencia mundial, como Amnistía Internacional, insisten en que es un método inhumano y nunca servirá para erradicar una cultura de violencia.

Sin embargo, deberían existir excepciones en las leyes nicaragüenses que permitan castigar con más de 30 años de cárcel a los autores de crímenes horrendos. Quizás la cadena perpetua o algo parecido podría ser un castigo más ejemplar en casos como el de Karla Estrada, porque se corre el riesgo de que alguna gente llegue a pensar que es mejor hacer justicia por la propia mano, algo inadmisible porque solo hundiría más a la sociedad en la violencia.

Si un criminal confeso, como es Mercado, vuelve a quedar libre después de purgar una condena de 25 o 30 años y mantiene su mismo esquema mental, ¿quién garantiza que no reincidirá? En varios casos de asesinatos o asaltos, las autoridades han descubierto que alguno de los autores estuvo en la cárcel y quedó libre al cumplir la condena.

Eso indica que la justicia nicaragüense también debe considerar con más rigor los casos que ameritan reeducación y los que no, según las perturbaciones sicológicas de cada condenado, y hacerles las valoraciones necesarias antes de que pongan un pie fuera de la cárcel.

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