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La cobertura periodística de El Nuevo Diario sobre la situación de Nicaragua y las protestas que se vienen dando desde el 18 de abril pasado, está basada en el interés profesional de informar con veracidad a la ciudadanía en general, evitando crear desinformación a través de noticias falsas que han circulado en la medida que continúan las protestas y demostraciones de distintos sectores de la población.

Como medio de comunicación que se empeña en ser responsable, asumimos con rigor la comprobación de los hechos y transmitimos lo sucedido evitando falsedades y sin difamar a nadie. Es parte del respeto que profesamos a quienes reciben nuestra información momento a momento en la plataforma digital y cada día en la edición impresa.

Nos sorprende, por eso, que algunos medios nos califiquen como “cómplices del vandalismo”, un señalamiento muy grave que podría convertirse en una amenaza, porque puede ser causa para que algunos fanáticos intenten atacar físicamente a nuestros periodistas o nuestras instalaciones.

Nuestro deber es informar con apego a los hechos, tratando de mostrar un panorama lo más amplio posible de la realidad que vive el país, independiente de quiénes estén de acuerdo o en desacuerdo con lo que sucede. Consideramos que la democracia se construye en parte con una sociedad informada, y esta no puede alcanzarse mediante noticias falsas o manipulaciones de datos e imágenes que solo buscan desinformar a la población para crear desorientación y hasta pánico.

Una noche de esta semana, una radioemisora aseguraba que en cierto lugar del oriente de Managua manifestantes estaban incendiando una oficina pública. Un periodista nuestro se trasladó al sitio y pudo comprobar que la noticia era falsa. El periodismo de esa radio es irresponsable y además dañino para la sociedad.

El Nuevo Diario trata de hacer todo lo contrario porque, como hemos expresado en varias ocasiones, nos guiamos por el principio de que ningún rumor es noticia, hasta que se comprueba.

Las redes sociales son importantes para la comunicación ágil e inmediata de los ciudadanos y la diseminación de información, pero algunas veces son mal utilizadas por personas u organizaciones que tratan de confundir o desinformar. Es importante, por eso, que la población aprenda a distinguir entre información responsable, como la que ofrece El Nuevo Diario, y otras que circulan con apariencia de verdaderas pero tienen ingredientes dudosos.

Los acontecimientos de las últimas semanas en Nicaragua ya tienen trascendencia histórica, por los 47 fallecidos confirmados durante las protestas en las que un alto porcentaje de la población sigue pidiendo justicia por los muertos y cambios políticos que conlleven a un proceso profundo de fortalecimiento democrático. La historia se encargará de demostrar qué medios informaron con más precisión y responsabilidad sobre estos acontecimientos.