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Si en Nicaragua continúan ocurriendo muertes cada día, por la violencia que ha prevalecido desde que iniciaron las protestas ciudadanas el 18 de abril, el país probablemente se volverá uno de los más peligrosos e inseguros del continente; cada quien buscará su propia protección, algunos harán justicia con sus propias manos y los jóvenes y profesionales empezarán a migrar, como ya sucedió en otras épocas marcadas por la violencia política.

 El aporte del sector privado en el diálogo

En 49 días han muerto 128 personas, en el contexto de las protestas iniciadas el 18 de abril y que exigen justicia y democratización. Es la cifra más grande de muertes en la historia del país, por razones políticas, en un tiempo sin guerra.

La cantidad de víctimas mortales en Nicaragua en 49 días es superior a la de las protestas en Venezuela durante 2017, donde murieron 112 personas en cien días.

Lo más peligroso sería que como sociedad nos acostumbremos a sumar cada día tres, cinco o más muertos, por los enfrentamientos de policías y civiles armados afines al Gobierno, y protestantes, y que lleguemos a ver eso como algo normal y rutinario. Si esto llegara a ocurrir, el país sucumbiría a la violencia y la inseguridad generalizada y se volvería invivible.

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Creímos que esta violencia se reduciría cuando en el seno del diálogo nacional, se decidió adoptar como propias, de forma unánime, incluyendo el Gobierno, las 15 recomendaciones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

Lo lamentable es que sucedió lo contrario, la violencia aumentó luego de ese primer compromiso en el diálogo, el cual se encuentra suspendido, tanto por el impasse en el que la Alianza Civil exigía que el Gobierno aceptara discutir la agenda de democratización y el Gobierno pretendía que se levantaran los tranques antes de continuar conversando sobre otros temas, como por las trágicas muertes de manifestantes pacíficos que acompañaban a las madres el 30 de mayo, quienes marcharon por sus hijos muertos durante las protestas que aún continúan.

Algo más grave ha ocurrido en los últimos días; además de los muertos en enfrentamientos, hay al menos cuatro casos de personas asesinadas por grupos de encapuchados que se movilizan en motocicletas y camionetas con toda impunidad, y jóvenes que han sido prácticamente ejecutados, como el caso del adolescente de 15 años que en Masaya pidió clemencia de rodillas al policía que lo detuvo antes que le dispara, según denunció el sacerdote Edwin Román.

 El diálogo debe ser amplio y creíble

En Managua y otras ciudades, el terror ha sido impuesto por los grupos armados, que muchos ciudadanos alegan son afines al Gobierno y por delincuentes que saquean los establecimientos comerciales. Entre la población hay temor y una sensación de indefensión frente a los armados que pasan disparando en los barrios y por los delincuentes comunes.

Nicaragua está siendo arrastrada a un abismo sangriento, del que nos podría costar salir si no buscamos pronto una solución por la vía cívica. Para eso, el diálogo nacional debe continuar lo antes posible, el Gobierno debe mostrar voluntad política de aceptar la discusión de los temas relacionados al fortalecimiento democrático e institucional que el país necesita para recobrar la gobernabilidad, se deben adoptar inmediatamente las recomendaciones de la CIDH que nunca fueron verdaderamente implementadas, y debe iniciarse la investigación independiente del grupo internacional sobre las muertes para impartir justicia.