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Los nicaragüenses que anhelan una solución verdadera al conflicto social y político de Nicaragua confiarían más en el diálogo, si los obispos católicos aceptan este viernes participar como testigos y acompañantes de la negociación entre la Alianza Cívica y el Gobierno, para la cual fueron invitados el martes pasado.

La Conferencia Episcopal nicaragüense, ahora presidida por el cardenal Leopoldo Brenes, goza de una autoridad moral ganada durante años ayudando a resolver conflictos en el país, demostrando siempre vocación de paz y de protección a la gente en dificultades o indefensión.

Difícil olvidar, por ejemplo, cómo los obispos y sacerdotes salieron a las calles en medio de las protestas ciudadanas iniciadas en abril pasado, para ayudar a jóvenes que, sin portar ningún arma, eran reprimidos por la policía y atacados por civiles armados encapuchados afines al gobierno. Los templos se convirtieron entonces en refugios de protestantes, algunos heridos, cuyas vidas fueron salvadas porque los religiosos expusieron las propias.

Cuando la población de Masaya estuvo bajo el acoso de fuerzas policiales y civiles armados, los obispos encabezados por el cardenal Brenes entraron a la ciudad para pedir a las autoridades que cesaran los ataques contra los ciudadanos indefensos y la gente salió de sus casas a recibir a los líderes católicos y oró con ellos en una plaza, sintiéndose amparada por la Iglesia con más fieles en Nicaragua.

Por esa confianza del pueblo en los obispos es que se generó cierta preocupación en las últimas semanas, cuando circuló el rumor de que la Iglesia católica nicaragüense podía quedar fuera del diálogo, como mediadora o testigo. Sin embargo, la Alianza Cívica logró que el Gobierno aceptara al cardenal Brenes como testigo, más dos obispos acompañantes que también tendrían incidencia en la conducción de las negociaciones y hasta podrían ayudar a “desatar nudos” cuando la plática se trabe, como explicó un representante de la Alianza.

Sin embargo, será la Conferencia Episcopal de Nicaragua la que decida este viernes 8 de marzo si la Iglesia participa en el diálogo y quiénes serán los acompañantes del cardenal Brenes en la mesa de negociación.

Esperamos que, así como en otros momentos difíciles del país, los obispos demuestren en esta ocasión mucha sabiduría y entrega al bien común, asumiendo la responsabilidad que la feligresía católica les ha otorgado. Esa confianza que los obispos y sacerdotes inspiran en los ciudadanos con sus buenas obras y su probidad, se les ha convertido en un compromiso con la población nicaragüense, de ayudarla a encontrar lo que más anhela: justicia, democratización, seguridad y paz.

Para los nicaragüenses que ven en el diálogo una vía de solución al gran problema nacional, los obispos son también una garantía de que esa negociación se hará con sinceridad y poniendo en primer lugar al pueblo.

El mensaje del papa Francisco, en el primer día del año 2019, expresa que “la función y la responsabilidad política constituyen un desafío permanente para todos los que reciben el mandato de servir a su país, de proteger a cuantos viven en él y de trabajar a fin de crear las condiciones para un futuro digno y justo”.

Para los obispos nicaragüenses, la participación en el diálogo ha de ser una expresión de caridad, por la libertad, la dignidad y el bien común.