•   Managua, Nicaragua  |
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  • AFP

Marlon López trabajó este domingo vendiendo bolsas plásticas con agua en el mercado de Masaya, como lo hace habitualmente, pero por la tarde guardó el carretón en que transporta su mercancía y se dirigió a un centro electoral para depositar su voto.

"Esperamos lo de siempre, democracia y trabajo", expresó al llegar al centro de votación, en una escuela de esta ciudad, 20 km al sur de Managua y bastión de la insurrección popular que hace 32 años depuso la sangrienta dictadura de la familia Somoza.

El hombre, de rasgos indígenas, gana seis dólares al día con su negocio de agua en el mercado y con eso debe mantener a su familia.

López anhela que el próximo gobierno ofrezca trabajo para todos sin discriminación política, porque "ahora solo hay para los que están mandando".

Muchos habitantes de Masaya madrugaron para ir a depositar su voto en los comicios, en los que el presidente Daniel Ortega pretende ser reelegido para un nuevo periodo de cinco años.

Los primeros en llegar fueron mayoritariamente simpatizantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que impulsa a Ortega, esperanzados en que cumpla las promesas que hizo en su campaña de repartir pan, vivienda y títulos de propiedad.

"Esperamos que cumpla lo prometido", dijo Anielka López, una joven de 25 años que se gana la vida con una pequeña venta callejera.

"Necesitamos trabajo para que la gente no emigre a Costa Rica y Guatemala, porque aquí hay muchos pobres que se han ido", manifestó Yesenia Pavón, una joven de igual edad que vende comida en un humilde rancho de Masaya.

"Queremos que haya trabajo, que hagan algo por los pobres", afirmó José Reyes, de 39 años, quien vende dulces frente a un centro de votación de esa ciudad, donde los electores acudían con calma a votar, a pie o en bicicleta.

El 45% de los 5,8 millones de nicaragüenses son pobres, pero la inmensa mayoría (53%) no tiene trabajo, come lo que puede o emigra a países vecinos de Centroamérica en busca de mejores condiciones de vida.

Según datos oficiales, la canasta básica de alimentos para una familia de seis personas tiene en Nicaragua un costo de 434 dólares, pero el salario mínimo es de poco más de 100 dólares mensuales y el sueldo promedio es de 291 dólares.

Miguel Sandoval, un ejecutivo de ventas que aprovechó su día libre para buscar clientes, porque las ventas no están muy buenas, aseguró que no irá va a votar porque "todo el mundo sabe que Ortega se va a quedar en el poder (por mucho tiempo) como Fidel Castro".

El hombre no cree que en Nicaragua exista revolución porque no hay tolerancia ni posibilidad de que se desarrolle una verdadera oposición y está convencido que las elecciones ya están "arregladas".

Cerca de Masaya, en un pueblo llamado Nindiri, un grupo de jóvenes hacía fila frente a un centro de votación para sufragar por un partido que les ofrezca "más empleos y viviendas para los pobres", sostuvo uno de ellos, Héctor Sánchez, de 20 años.

"Queremos que nuestro país progrese", porque en este pueblo la gente tiene que ir a buscar empleo a las maquilas de Managua, por salarios de 136 dólares al mes, se quejó Jerónima Serrato, de 25.

Mientras que Giselle Busto, de 18, espera que el nuevo gobierno genere "más inversiones al país, porque así como está la situación de desempleo no vamos a tener ni para el arroz y los frijoles".

"El pueblo pide trabajo, no migajas, para decidir con su dinero lo que quiere comprar", demandó por su lado Ricardo Vega, un jubilado que recibe 100 dólares al mes, mientras se dirigía renqueando a un centro de votación en Managua.