•  |
  •  |

Qué tan lejos lleguemos en nuestro ideal, después de la ayuda de Dios, lo decide la intensidad con que deseemos obtenerlo. El deseo es la fuerza que nos permite caminar en busca de los objetivos.

Recordemos lo que es el anhelo. Es querer, desear algo con mucha intensidad, y eso es lo que nos falta para triunfar. Claro está que a veces, en ratos de cansancio o de tristeza, dejamos de querer o desear intensamente, pero hay que volver luego a prenderle fuego a la llama del buen deseo. Ya que nos propusimos un ideal preciso y claro, dediquémonos ahora a quererlo, a desearlo con verdadera pasión.

El deseo vehemente y enérgico hace mucho más fácil la consecución del ideal. Detrás de cada triunfo de las personas bien realizadas hay probablemente una poderosa fuerza del deseo que los llevó a triunfar. Son pocos los grandes triunfos que se obtienen sin haberlos deseado fuertemente.

Recordemos un caso. El gran libertador Simón Bolívar: Otros patriotas tenían mejor salud que él (era tuberculoso); muchos de sus compañeros tenían mejor contextura física y gran cantidad de paisanos tuvieron mejor preparación intelectual que la que él tuvo (apenas algo de colegio y nada de universidad, su cultura la adquirió estudiando y leyendo por su cuenta); pero el deseo de Bolívar por conseguir la libertad era más fuerte que el de los otros.

Con ese deseo apasionado y vehemente, sumado a las cualidades que Dios le dio y a las oportunidades que se le presentaron, llegó a la cumbre de los éxitos, pero adelante de sus triunfos iba su deseo inmenso de libertar a sus hermanos.

El deseo insistente consiste en persistir deseando, en preservar queriendo obtener lo que se anhela. Es una inspiración, una verdadera necesidad que se siente de coronar el ideal.

Insistir es tomar una actitud y negarse a deponerla. Es mantener firme y resueltamente el deseo, es desear como desea pan el hambriento, agua el sediento y aire el que se ahoga.

Es desear el bien como la madre lo desea para su hijo querido.

Los ancestros decían: “si deseas ser persona importante debes clavar ese deseo en tu cabeza”. Muchos se imaginan que sí desean, pero en verdad no es así.

Es que no han aprendido a desear con vehemencia, con hambre devoradora y aquel irresistible deseo que caracteriza a los que se han propuesto apasionadamente un ideal y no descansan hasta conseguirlo.

Víctor Alfieri, insigne poeta italiano (1800), empezó su carrera como escritor muy tarde, y sin embargo llegó

a tener gran éxito y popularidad.

Alguien le preguntó ¿Cómo consiguió en tan poco tiempo tantos éxitos?, y el escritor les respondió: “deseando, deseando, deseando, firmísimamente hasta conseguirlo”.

Pocos se dan cuenta de lo que significa desear vehementemente conseguir un objetivo. Y por eso hay muchos que no lo consiguen.

Recia voluntad

Lo que llamamos recia voluntad, voluntad de acero, no es la mayor parte de las veces sino un deseo vehemente que no deja de insistir mientras no logre el objetivo propuesto.

Quien conozca a alguien de firme voluntad hallará que en esa persona arde fuertemente la llama del deseo de conseguir lo que se propone y que de este deseo obtiene el combustible necesario para seguir luchando e insistiendo.

Por el contrario, muchas veces se oye decir: fulano carece de voluntad para hacer esto, lo otro... y si vamos a examinar a fondo la cuestión, venimos a constatar que lo que le hace falta no es voluntad, sino deseo de conseguirlo.

Desear vehementemente conseguir un objetivo, no es desear con tibieza y resignarse a decir: “bueno si no se puede, que vamos a hacer, dejemos esto que ya no se pudo”. Eso no dice una mujer que busca a su hijo perdido, ella sigue buscando porque desea con vehemencia encontrarlo. Subir por la escalera del éxito es el insistente deseo de esperar firmemente conseguir lo que se ha propuesto obtener. Por eso los psicólogos repiten: “Cuidado con lo que deseas, porque lo conseguirás”. Si no asentamos firmemente los pies, no llegaremos jamás a los grados superiores de la escala del éxito.