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Los francmasones afirman que sus orígenes provienen de los albañiles que trabajaron en el famoso templo del Rey Salomón. Los masones o picapedreros eran antiguamente los artesanos que tallaban la piedra y la preparaban para utilizar en los diversos proyectos constructivos. Muchos maestros masones serían similares a los arquitectos de hoy día, ya que poseían los conocimientos necesarios para levantar estructuras.

La leyenda nos habla de un arquitecto o de un maestro constructor que tenía el nombre de Hiran Abiff, a quien el Rey Salomón le confió la construcción del templo.

Este hombre tuvo la idea de clasificar a los 180,000 artesanos que tenía a su servicio según sus habilidades y experiencia. Esto fue necesario porque el trabajo precisaba de un número de trabajadores hasta entonces sin precedentes, que viajarían de un lugar a otro para completar la tarea. El sistema de Hiram aseguraba que a cada persona se le asignara el trabajo que le era más adecuado, y también que se le pagase en concordancia.

Tres niveles jerárquicos

Existían tres niveles: los aprendices, los compañeros y los maestros, y se sabía quién era de cada nivel utilizando ciertos signos o contraseñas especiales. En los proyectos de envergadura se organizaron lugares donde se entrevistaba a los albañiles que llegaban para asegurarse si tenían o no la experiencia que se precisaba en el trabajo.

La palabra “francmasón” se halla escrita en Londres por vez primera, en 1375, y hace referencia a un prestigioso grupo de hombres que tenían lo que parece ser poderes mágicos para construir grandes y poderosas estructuras arquitectónicas. Algunos creen que los fracmasones tomaron sus emblemas de un gremio de albañiles que trabajaron en la construcción de la Catedral de Estrasburgo.

Con el tiempo, la fracmasonería se abrió no solo a los albañiles y picapedreros, sino también a hombres de buena reputación, sin importar cuál fuese su religión.

Elipas Levi describe las creencias fundamentales de la fracmasonería en su Historia de la Magia, donde comenta que: la verdad es objeto de veneración, y ellos representan la verdad como luz; toleran todas las formas de fe y religión, profesan filosofía única, que es buscar la verdad y enseñar la realidad, y su plan es conducir a la inteligencia humana, gradualmente, hacia el dominio de la razón.

En el siglo XVIII, las doctrinas francmasónicas de igualdad, tolerancia y hermandad atrajeron a algunos de los hombres más ilustrados y políticamente activos de la época, como George Washington, Benjamín Franklin, Voltaire y Wolfang Amadeus Mozart.

Los francmasones siguen siendo hoy por hoy una sociedad secreta, que requiere a sus miembros realizar ciertos rituales de iniciación antes de entrar en la sociedad y, subsecuentemente, también requiere de rituales para progresar en los diferentes niveles o jerarquías dentro de la sociedad.

Las mujeres estaban excluidas en las logias hasta finales del siglo XVIII. En 1920, un grupo disidente de la Co-Masonería, permitió a las mujeres ser miembros de las logias.

 

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