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La vida es demasiado corta para que usted la malgaste recordando tristezas del pasado o temiendo desgracias del futuro. Busque todo lo que le estimule sanamente la alegría: la buena música, el arte, la religión, las lecturas inspiradoras; las buenas amistades, los ideales optimistas, las noticias positivas que traigan emociones agradables a su espíritu, recuerdos gratos. La esperanza produce alegría en el ser humano; pero la alegría también tiene sus enemigos, aunque también sus aliados.

Convencerse de que la vida está todavía esperando algo importante de nosotros, que todavía podemos hacer muchas cosas buenas y que sí las vamos a hacer. El saber que somos útiles y que no estamos ocupando inútilmente un puesto en la humanidad. Estas ideas salvaron a una persona que iba a suicidarse. Un amigo le dijo: “Mira, la vida todavía está esperando algo importante de ti y todavía puedes hacer muchas cosas buenas a favor de los demás”. Le gustó saber esto y abandonó la idea del suicidio.

No mate el amor

A veces cuando una joven vuelve de su luna de miel, dice a su madre: “Mamá, ¿esto es el amor? Si yo hubiera sabido lo que es el amor, nunca me habría casado. Yo no soy para él, sino un objeto de placer. Una vez saciado su egoísmo se despreocupa de mí, como hace un chofer con el trapo con el que quita la grasa de sus manos, lo echa al cesto de la basura. Pobre muchacha, dio con un egoísta que no pensaba sino en él mismo, sin importarle la felicidad de los demás. Ah, cuántos hogares destruidos por que uno de los dos mató el amor del otro y no lo supo cultivar. El amor es como las plantas recién nacidas: si no se cultiva y no se cuida, se muere, y una vez muerto, sí que es difícil volverlo a resucitar. Hay muchas maneras de asesinar el amor, pero recordemos tan solo unas pocas, para que no vayamos a cometer el error fatal de practicarlas.

Aumente el número de sus amigos

Esto es colocar una muralla de papel entre usted y las otras personas. Una vez en una gran casa vi a un hombre que mientras los demás charlaban en el comedor, él leía el periódico o dormía y luego mientras los otros se iban a descansar un poco de tiempo después del almuerzo, él se iba a martillar y a correr armarios, y no dejaba dormir. O sea, mientras los otros charlaban, él hacía un silencio despreciativo, y mientras los demás querían el silencio, él hacía todos los ruidos posibles. Así se le mata a cualquiera el gusto por vivir en nuestra compañía.

El más grande pedagogo del siglo pasado afirmaba que el error fatal de muchas personas consiste en que, aunque en su corazón aman a los demás, con sus palabras y su conducta exterior no les manifiestan ese amor. Y repetía: “No basta con amar, es necesario que los demás se den cuenta que en verdad los amamos”. El Rey sabio solía repetir: “Las palabras amables y el rostro risueño aumentan el número de nuestros amigos”. Los antiguos decían: “Cuando hay fuego en la casa es inútil querer ocultarlo”. El humo se sale aún por la más pequeña rendija y le cuenta a sus vecinos que allí dentro hay fuego ardiendo.

Así pasa con el verdadero amor: si es lo que debe ser, tiene que manifestarse externamente de alguna manera. Si no se manifiesta, lo más probable es que se está apagando. Recordemos siempre: no basta con amar, es necesario que los demás se den cuenta de que sí en verdad los amamos.

 

Tome nota

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