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“Ya tengo hijos, no puedo pensar en un hombre” es la especie de slogan que muchas mamás solteras plasman en sus banderas de vida. Se auto-discriminan, se desvalorizan, dejan de ser mujeres por el hecho de ser madres, sin darse cuenta que ambos roles se pueden conjugar en plena armonía.

¿Qué pasa con las mujeres que piensan de esta manera? Muchas se aíslan, le pierden el rastro a su vida social, a las amistades que hizo desde antes que se convirtiese en mamá y solo viven para sus hijos. Su autoestima baja y la idea de que nadie le hará caso por ser madre, es una barrera que nadie más que ella podrá derribar.

Maternidad y amor sí ligan
No es que a fuerzas la mujer deba tener un compañero a su lado ni que atenderá los cortejos del primer individuo que le hable al oído palabras dulces y cosas bonitas, como dice la canción, se trata más bien del derecho que tenemos todas las personas a una vida en pareja, a compartir, a querer y ser querida.

Sin embargo, es una trampa en la que muchas pueden caer, pues si demostrás desesperación por compañía, cualquier hombre lo verá como un pasatiempo, y si por el contrario te comportas desinteresada, puede que haya alguien que en verdad te valore y vos lo ahuyentés. Es necesario hacer el balance.

Según Rebeca Centeno, docente e investigadora del programa de género de la UCA, “la mujer con hijos debe establecer una relación con un hombre con el que esté plenamente consciente que le va a crear un bien”, dijo, “no debemos desvalorizarnos pues las mismas mujeres debemos de contribuir a ese cambio de mentalidad, valorándonos a nosotras mismas, no sentirnos disminuidas porque tenemos hijos o somos divorciadas o separadas”, refirió.

“Estamos en nuestro derecho a vivir nuestra necesidad afectiva”, subrayó, “a tener una relación de pareja con el cual convivamos, pero razonemos que tanto esa relación de pareja le va a dar bienestar. Hacernos el balance y preguntarnos qué esperamos de la otra persona, y pensar si va aceptar a mis hijos y mi papel de madre que es algo que no podrá evadir”, señaló la experta.

Centeno refirió que si ese hombre me acepta como soy, y si el balance es positivo “porque ese hombre me da afecto, me estima, me valora, quiere a mis hijos y es responsable, entonces vamos bien, ¡adelante!”.

La maternidad implantada
El tema de la maternidad lo quisimos abordar de manera independiente y para ello Centeno nos ilustró al respecto. “La maternidad, desde el enfoque de género, entendido como una construcción social, es un mandato social, nos referimos a que en esta sociedad el ser madre se implanta de una manera obligatoria. En Nicaragua como en otras sociedades patriarcales donde el poder y la dominación la tienen los hombres, a las mujeres no se nos permite elegir si queremos ser madres o no”.

En el caso de las mujeres que crían solas a sus hijos, “hay una serie de estereotipos, muchas veces estigmas y creencias de la misma madre, en donde la maternidad se ensalza y se hace creer que la realización máxima de una mujer es ser madre, esto es una trampa”, dijo.

Centeno confesó que “no estoy de acuerdo con llamarles ‘solas’ a las madres, pues no lo están ya que se tienen a ellas mismas y su fortaleza y autonomía, desempeñando un papel de crianza y educación de los hijos sin la participación del padre de nuestros hijos. Si vemos las estadísticas hay entre un 30 y 35% de mujeres que son jefas de hogar. El hecho que haya mujeres en esta situación obedece a la irresponsabilidad paterna que hay en Nicaragua y es un fenómeno creciente producto del patriarcado que no tiene sanción moral ni legal y hay abandono de los hijos”, externó.

Las mujeres se quedan solas no por elección, sino porque o sus hijos son negados o son abandonadas.

Otro aspecto que Centeno quiso resaltar es que las madres son vistas como una especie de mística “como ser idílico, pues la sociedad olvida que las mujeres madres somos de carne y hueso, con nuestros defectos y problemas. El mismo patriarcado estimula la inmolación, es decir, la mejor mujer es aquella sacrificada, abnegada, es decir vivimos para bienestar de los demás y esa es otra trampa, porque nos dejamos de lado a nosotras mismas”, subrayó la especialista en el tema.