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Tuvo su primer hijo a los 26 años, deseándolo como agua de mayo. Fue a la edad que eligió, con el hombre que escogió, en la etapa que ambos lo planificaron. Sin embargo, después del primero, vino el segundo y aunque fue sorpresa para Sandra Ardón y su esposo, no dejó de llenar su vida de luz.

Ambos ocupan el mismo espacio en su corazón, declara Ardón, quien compartió su experiencia de un segundo bebé en su vida. “Siempre hay temor, pero menos”, manifiesta la joven presentadora, quien tiene dos bebés, “Dinito” de tres años y “Alejandrito” de uno.

A diferencia del primero, el segundo se recibe pisando un terreno menos desconocido, aunque aclara, con los hijos nunca se deja de aprender, pues siempre vienen cargados de sorpresas.

¿Cómo reciben los primogénitos al hermano?
Al enterarse de la noticia de su segundo bebé con dos años de diferencia, le pareció genial que sus hijos pudieran crecer juntos, que la corta diferencia de edades los convierta en cómplices en un futuro, para ello trabaja arduamente balaceando su tiempo entre uno y otro, según explica, ya que contrario a sus expectativas la realidad no ha sido como lo esperaba.

Con la llegada del segundo, el mundo del mayor sufrió cambios que Ardón pudo detectar claramente con su comportamiento como retroceder etapas y comportarse al igual que tierno, en busca de atención.

El compartir mimos y cariños con un nuevo miembro, luego de ser el mimado de la familia, no siempre es fácil. Como madre trató de explicarle a su primogénito, pero no lograba mucho eco por su corta edad. Sin embargo, no dejó de insistir.

“Ha sido raro al estar mucho tiempo con uno y tener la sensación de que descuidas al otro. Así que trato de darles igual tiempo para que no sientan que se quiere más a uno que al otro”, comenta Sandra.

La llegada de un segundo bebé afecta el mundo del primogénito, en el caso de Sandra, ella notó que el mayor perdió el apetito y se comportaba más malcriado. Luego de tanto insistir en explicarle para lograr la aceptación de ambos, siente que la relación entre los hermanos mejora.

Como miembro de una familia de cinco hermanos, cree que tener un único hijo no es bueno porque los niños tienden a crecer solos y a volverse egoístas. En sus hermanos ve la diferencia, aunque pequeños no fallan las peleas, ahora grandes son los pilares que sostienen su familia.